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jueves, 18 de diciembre de 2025

Paseo sin Aviso

 


Por Elsie Betancourt

            ¿Porque será que los humanos se sorprenden tanto cuando desaparecemos? Recuerdo mucho cuando siendo muy pequeña, vivía con mi mamá y mis 3 hermanos en un sitio donde había matas muy grandes, lleno de olores raros y muchos huecos para esconderse… me encantaba explorar y el olor de tierra mojada hacía que me moviera y corriera detrás de lo que se moviera.

Un día, sentí ruidos:  parecían venir de criaturas invisibles, gigantes que respiraban y sentí cerca de mi escondite, unas manos que no conocía, moviéndose entre las plantas. Me buscaban. Desaparecí como llevada por un rayo de mi escondite.  No veía a mi mama y mis 3 hermanos; me seguía preguntando para que me querían encontrar. Sabía que si me quedaba quieta todos me olvidarían.



Desconfiaba del menor movimiento cerca de mí; un día, después de buscarme mucho, al fin me agarraron y me pusieron en una cajita de cartón. Estuve asustadísima; Hice todo lo que pude para salirme, pero no lo pude conseguir. Me tocó esperar hasta cuando me trasladaron a un sitio desconocido para mí.


No había grama, plantas, huecos; había un piso resbaloso y espacios grandes. Cuando me sacaron de la caja, todavía temblaba y me encontré con un gato blanco, quien no dejaba de mirarme y olerme. Le llamaban Nina.

Yo tenía hambre y sed; no sabía qué hacer, dónde pararme. Extrañaba mucho la arena mojada, las plantas, hasta mi hueco dónde dormía. Esa ausencia repentina de todo, me puso triste. Encontré un canasto en donde echaban cosas y ahí me acomodé. Me llamaban por Nubecita.

Poco a poco me fui acostumbrando al nuevo lugar…como no sabía dónde hacer mis necesidades encontré una caja con arena; al principio la compartía con Nina, pero como peleábamos, me consiguieron una, sólo para mí. Días después de mi llegada, empecé a explorar los alrededores del sitio. Había una zona en donde había muchas luces, bolas brillantes, cosas colgando de un árbol. Me parecían divertidas las correrías dentro del árbol. Para mí, éste era un gigante, con ramas suaves, luces tentadoras y bolas redondas de color que parecían gritar: “tírame, tírame, tírame ¡”.


            Ni que decir de un promontorio de cajas forradas, en donde había muchas figuras extrañas- entre éstas una casita hecha de paja, mi predilecta para dormir.

            Una noche, todo resplandecía en mi nueva casa; muchas luces se prendían y apagaban…. Los humanos hablaban, reían, había música que sonaba duro y yo decidí explorar y ver todo desde el árbol; subí con tan mala suerte que se cayeron unas bolas multicolores que colgaban; mi dueña pegó un grito y empezó a buscarnos a Nina y a mi… efectivamente al revisar el árbol, en la parte superior me descubrieron mirando a todos.

  Aterrorizada me bajé como pude del árbol y hasta me persiguieron con un periódico. Desastre total….

            ¿Qué creen estos humanos que yo iba a hacer ante tanto alboroto? Pues perderme… ahora sólo puedo admirar los alrededores sin entrar adonde está el árbol… ¿Y qué hace una gata sensata en pleno caos? Pues desaparecer. No por maldad… sino por talento profesional.

 

 



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