Por Elsie Betancourt
El otro
día tomándome un café, muy temprano y sentada en el balcón de mi apto., pensaba
en que todos tenemos caminos recorridos: decisiones acertadas, errores,
pérdidas que dejamos pasar y otras que nunca vimos venir.
A veces
volvemos a recorrer caminos que ya no existen. No con los pies sino con la
memoria. Nos detenemos una y otra vez en aquella decisión, aquella palabra que
no dijimos, el trabajo que dejamos, el nido vacío… como si al pensarlo una vez
más, el final pudiera cambiar.
La
memoria no es un museo sino una maestra. Los caminos no fueron hechos para
quedarse en ellos, sino para recorrerse. Nadie instala su casa en medio de un
sendero, se camina, se aprende del paisaje y se continua. Hay caminos que ya no
existen, los borró el tiempo, cambiaron de forma o están llenos de maleza. Sin embargo,
seguimos recorriéndolos una y otra vez. Aceptar el pasado no significa aprobar
todo lo que ocurrió, significa que reconocerlo es parte de nuestra historia.
Como canta Joan Manuel Serrat el poema de Antonio Machado:
Caminante no hay Camino....
Mi
camino ha estado lleno de muchos paisajes: luminosos y soñadores como el de mi niñez;
otros desafiantes donde aprendí más de lo que imaginaba; algunos marcados por sueños
cumplidos a medida que pasaba el tiempo, otros por despedidas inevitables, como
las de mis padres, mis familiares y amigos más cercanos, mis mascotas a través del
tiempo. Hoy el paisaje es distinto: más sereno, más despejado. Miro hacia atrás
con gratitud, consciente de que no vale la pena intentar reescribir capítulos
que ya fueron publicados… el único camino que importa y que puede transformarse
es el que sigue estando adelante.
Los árboles
no intentan detener las hojas que cayeron en otoño; las dejan ir porque
aferrarse a ellas impide el nacimiento de las nuevas. Nosotros tercamente, a
veces seguimos sujetando hojas secas por miedo a quedarnos con las manos vacías
sin darnos cuenta de que hay que soltar…para recibir.
Quizá la
vida nunca nos permita regresar al pasado. Tal vez esa sea su mayor sabiduría.
Nos obliga a mirar hacia adelante, a descubrir nuevos paisajes y a confiar en
que cada paso, incluso los equivocados, nos fue conduciendo hasta la persona
que hoy somos.
Amigo/amiga
que me lees, como andas tu camino?
Muy cierto... También me ha pasado que he intentado recorrer caminos que ya recorrí y descubro que ya no existen. ¡Buena disertación!
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