Por Elsie Betancourt
Estamos en el umbral del 2026; año que no llega con fuegos artificiales, sino con exigencias, más responsabilidades, más silencios, más decisiones incómodas. No sabemos si estamos listos para vivirlas. El telón de fondo está tapizado con presión económica, incertidumbre laboral, tensiones sociales y hasta agotamiento emocional. Pero el día a día nos lleva a asumir lo que se nos viene a veces con fortaleza y asertividad, mientras que a otros los lleva a sumirse en la desesperanza.
Uno de los retos más duros, que muchos tenemos, es el de la familia. Yo al menos he invertido años enteros de mi vida, construyendo rutinas alrededor de mi querida familia. Acompañando a mis hijos en las múltiples facetas que han vivido… me doy cuenta que un día ese tiempo empieza a disminuir, sin ceremonia; no es abandono, es crecimiento y sin embargo duele.
No tenemos toda la vida para atesorarlos. El tiempo con ellos no se acaba de golpe, se adelgaza. Los momentos ya no son infinitos, son escogidos y por eso su valor. Siempre he leído que esa es la ley de la vida; como decía mi madre: “hija eres y madre serás” …sabia frase. Todos pasamos por ese proceso, se es hijo, luego padre y a veces padre de tu padre o madre.
No hablo desde la nostalgia amarga, sino desde una lucidez amorosa. Según el pensador Hodding Carter: “Sólo hay 2 legados duraderos que podemos dar a nuestros hijos: uno son raíces, el otro, alas”. Durante la vida, uno no es consciente de que, en algún momento, esa normalidad que puede tenerse, puede desaparecer abruptamente. Puede ser, como me recordaba mi hijo José Felipe, con una frase que lo marcó mucho, ahora que es padre de 2 hijos: “habrá días largos, pero los años se irán volando”.
Talvez,
nadie nos prepara para el momento en que dejamos de ser el centro de su mundo;
pero si podemos prepararnos para seguir siendo Refugio para ellos. Estar
presentes sin invadir, acompañar sin exigir. Quizás por eso, valga la pena, pasar el mayor
tiempo que se pueda con la familia- que resulten gratos esos momentos. El
tiempo de los hijos y nietos es precioso- hay que estar siempre presente. Los
amigos verdaderos, estarán presentes cuando todo haya cambiado.
La
familia cambia, crece, se dispersa, pero los vínculos verdaderos encuentran
siempre la forma de volver. Así aprendemos que lo esencial no se fue, sólo
aprendió a ocupar otro lugar.
nerea6@yahoo.com






