Por : Elsie Betancourt
Suelo
conversar mucho con mis hijos sobre la Normalidad que puede reinar en la vida…
apreciar el levantarnos, aunque sea con dolores, pero con ánimo; la salud en la
familia, en las mascotas, y en general en quienes nos rodean.
Lo normal, por ejemplo, cuando se tienen mascotas es quererlas … pero cuando se construye un refugio de amor al interactuar con ellas, la historia se escribe diferente. Ese refugio no se puede comprar: hay que construirlo, dedicarle tiempo y mimos, cuidarlo, nutrirlo y mantenerlo vivo porque termina convirtiéndose en hogar.
NUBECITA
Siempre
he sido amante de los animales, perruna como se dice por ahí… pero ahora
gatuna…. Mucho me ha costado escribir sobre mi gata Nubecita quien está muy
delicada de salud… Cuando estaba bien, ella me prodigaba mucho cariño sin yo
pedírselo…. Siempre a mi lado, acurrucada y hablándome con sus ronroneos;
pendiente de mi llegada o lista para acostarse en mi cama en la noche…
En su normalidad, a las 4:00 am era el despertador humano oficial de la casa; ella, junto con mi otro gato Nina, golpeaban la puerta para abrirla y levantarme para que les diera la comida; fueron 2 años en donde ella impuso su amorosa ley y su normalidad era acatada por todos en mi apto… como solía decir mi hijo Gonzalo: “mamá, esos gatos no saben a qué dueña llegaron”...
Cuando
un gato ha sido compañero/a cercana, de esos que buscan la caricia, acompañan
en silencio y se vuelven parte de la rutina del alma, verlo en una clínica
duele muchísimo. Aparece esa sensación tan dura de impotencia: querer hacer
algo más y no poder quitarles el malestar.
Me dolió mucho visitarla cuando estaba en sus últimos días…Me escapaba de mi trabajo para llevarle energía positiva y sanadora; al principio me recibía llorando, como implorando que le diera su comida y me la trajera de regreso a casa; el primer día le llevé el snack que tanto le encantaba; tuve que dárselo en mi mano porque en la clínica no había plato donde ponerlo.
Con el paso de los días, empecé a notar que desmejoraba… ya no comía, su respiración se volvió entrecortada…. El ultimo día (mayo 21, día en que falleció) salí a hacer la visita de rutina de la mañana …. Parecía estar esperándome para despedirse, y así lo hizo…. después descansó.
Los animales amorosos, dejan una huella enorme porque uno termina hablando con ellos, esperándolos y sintiendo su presencia en cada rincón de la casa. Cuando enferman, toda la casa cambia. Cuando un ser amado falta – aunque sea pequeño, peludo y silencioso, la casa deja de sonar igual. Hasta el vacío tiene horario.
La Normalidad se interrumpe...





