¿Porque será que los humanos se sorprenden tanto cuando desaparecemos? Recuerdo mucho cuando siendo muy pequeña, vivía con mi mamá y mis 3 hermanos en un sitio donde había matas muy grandes, lleno de olores raros y muchos huecos para esconderse… me encantaba explorar y el olor de tierra mojada hacía que corriera detrás de lo que se moviera. Me encantaba correr entre las plantas y trepar las ramas que colgaban
Un día, sentí ruidos: parecían venir de criaturas invisibles, gigantes que respiraban y sentí cerca de mi escondite, unas manos que no conocía, moviéndose entre las plantas. Me buscaban; desaparecí como llevada por un rayo. No vi más a mi mamá y a mis 3 hermanos; me seguía preguntando para que me querían encontrar; el corazón se me quería salir. Sabía que si me quedaba quieta todos me olvidarían.
Desconfiaba del menor movimiento cerca de mí; días después de buscarme mucho, me agarraron y me pusieron en una cajita de cartón. Estuve asustadísima; Hice todo lo que pude para salirme, pero no lo pude conseguir. Lloré a ver si me mamá aparecía, pero nada. Me tocó esperar hasta cuando me trasladaron a un sitio desconocido para mi.
No había grama, plantas ni huecos; había un piso resbaloso y
espacios muy grandes. Cuando me sacaron de la caja, todavía temblaba en el
extraño sitio, que tenía paredes muy altas y lisas, mucho ruido de los gigantes
que me atraparon…y me encontré con un gato blanco, quien no dejaba de mirarme feo y
olerme. Le llamaban Nina.
Yo tenía hambre y sed; no sabía qué hacer, dónde pararme; extrañaba
mucho la arena mojada, las plantas, hasta mi hueco dónde dormía. Esa ausencia
repentina de todo, me puso triste. Encontré un canasto en donde echaban cosas y
ahí me acomodé. Me empezaron a llamar Nubecita.
Poco a poco me fui acostumbrando al nuevo lugar…como no sabía
dónde hacer mis necesidades encontré una caja con arena; al principio la compartía
con Nina, pero como peleábamos, me consiguieron una, sólo para mí. Días después
de mi llegada, empecé a explorar los alrededores del sitio. Había una zona en
donde había muchas luces, bolas brillantes, cosas colgando de un árbol gigante;
de noche aparecían luces de colores; me parecían divertidas las correrías
dentro del árbol. Para mí, éste era un gigante, con ramas suaves, luces
tentadoras y bolas de color que parecían gritar: “tírame¡” cuando las movía con mis patas. Parecia una jungla privada.
Ni que decir de un promontorio de cajas forradas, en donde había muchas figuras extrañas- entre éstas una casita hecha de paja, mi predilecta para dormir.
Una noche, todo resplandecía en mi nueva casa; muchas luces se prendían y apagaban….eran como presas en movimiento. Los gigantes hablaban, reían, había mucho ruido y yo decidí explorar y ver todo desde lo alto del árbol; subí con tan mala suerte que se cayeron unas bolas que colgaban y al caer brincaban; mi dueña pegó un grito al ver eso y empezó a buscarnos a Nina y a mi… efectivamente al revisar el árbol, en la parte superior me descubrieron mirandolos.
Aterrorizada, me bajé como pude y hasta me persiguieron con un periódico. Desastre total….
¿Qué
creen estos humanos que yo iba a hacer ante tanto alboroto? Pues perderme…
ahora sólo puedo admirar los alrededores sin entrar a ciertas zonas. ¿Y qué
hace una gata sensata en pleno caos? Pues desaparecer. No por maldad… sino por talento
profesional y respetando las normas que hay en mi nueva casa. Aprendí que algunos paseos no se planean, simplemente ocurren.
Irene Caminos...
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