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martes, 17 de marzo de 2026

Cuando la Vida Cabe en una pantalla...


Por Elsie Betancourt

            Hace ya algún tiempo oía una palabrita cuyo significado no entendía del todo: “algoritmo”- siempre me preguntaba porque era tan asidua en el lenguaje de los expertos digitales, hasta que decidí investigar en profundidad. Aprendí que es una secuencia ordenada de pasos que permiten resolver un problema; actúa como una receta para automatizar acciones.

            En redes sociales, los algoritmos son un conjunto de reglas y aprendizajes automáticos que ordenan un contenido y deciden que publicaciones mostrar a cada usuario, en que orden, en que frecuencia; su objetivo es aumentar la interacción con este medio. Analizan nuestro comportamiento (…lo que nos gusta, lo que compartimos, lo que comentamos, etc.). Cuanto más tiempo pasamos en la plataforma, más datos recopilan.

            No sé si les habrá pasado, pero como me gustan tanto los animales y me deleita ver videos sobre ellos, ahora en mi celular recibo muchas publicaciones sobre los mismos, con o sin manipulaciones de Inteligencia Artificial. Por *ignorante en el tema*, tengo que confesarlo, no entendía porque era “bombardeada” con tanto video sobre éstos. Los benditos algoritmos¡¡

            Generalmente, solemos levantarnos con el celular en la mano; si hay algo en redes, contestamos mensajes o se chismosea que está pasando, viendo videos sin parar. Hoy, es casi imposible ver una sala de espera, una mesa familiar o incluso un grupo de amigos sin que haya varias cabezas inclinadas hacia una pequeña pantalla. No están leyendo un libro, ni escribiendo una carta, están deslizando el dedo. Una y otra vez. Hasta el que vende aguacates en cualquier esquina, se ocupa de su celular; me llamó la atención, hace poco, cuando pasé por un paradero de buses, 6 personas esperando y todas veían su celular; pensé: “es la moda”.

            Las redes sociales llegaron prometiendo conexión, cercanía y comunicación. Y en parte lo lograron. Nunca había sido tan fácil saber de alguien que vive al otro lado del mundo. Pero, silenciosamente, también nos fue robando algo: la capacidad de estar plenamente donde estamos.

            El impulso de revisar el teléfono, el pequeño golpe de dopamina de cada notificación y la dificultad de desconectarnos, está construyendo una adicción silenciosa. No es ruidosa, pero está ahí.

            Estamos perdiendo lo que ocurre en la risa de un amigo, estamos dejando de habitar en la vida real, de conversar sobre bobadas que enriquecen y relajan, por estar pendientes del celular. Cuando almorzamos, el celular es un convidado de lujo; regularmente se pueden ver grupos de familia sin dejar el celular a un lado. Reunidas …. pero desconectadas entre sí.

 Vivimos en pausa mirando la vida de otros, mientras la propia, se descuida, lo que genera cansancio y saturación emocional. El exceso de tiempo de pantalla provoca dolores de cabeza, fatiga visual y problemas de visión. Especialmente en niños, hay que limitar el uso de pantalla y reaprender a disfrutar sin registrar o compartir. 

            No pretendo demonizar la tecnología. Las redes sociales son herramientas extraordinarias cuando ocupan el lugar que les corresponde. Vale la pena preguntarnos: ¿estamos usando el celular o el celular nos está usando a nosotros? Quizá el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea desconectarnos del mundo digital, sino recordar que la vida real sigue ocurriendo fuera de la pantalla- porque la Vida, la verdadera, no se desliza con el dedo... se VIVE¡

  Que lo urgente no nos robe lo Importante..