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sábado, 26 de septiembre de 2026

Todo tiene su Momento

 

Por Elsie Betancourt

            Hace unos días, asistí a una misa de difunto, para celebrar la memoria de una gran mujer, sabia y amorosa. Me impactó muchísimo un mensaje que leyeron en la celebración, proveniente del Eclesiastés, que en resumen afirmaba que todo tiene su momento y cada cosa su tiempo: nacer y morir; sembrar y recoger; matar y sanar; llorar y reír; callar y hablar, etc.…

Como suele suceder en estos casos, uno llega pensando en la persona que ya no está entre nosotros; sin embargo, el potente mensaje de aquella mañana, provocó que pensara en la vida que todavía estamos viviendo.

Me surgieron muchas preguntas tales como:

·         ¿En qué momento de mi vida estoy?

·         ¿Qué cosas ya tuvieron su momento y me empeño en prolongar?

·         ¿Qué cosas estoy esperando que lleguen?

·         ¿Qué debería dejar de hacer porque ya no es su tiempo?

·         ¿Qué sembré antes que estoy recogiendo ahora?

 

Siguen más preguntas, pero dejo a criterio de mis lectores, aumentarlas.

 Lo cierto es que, en algún momento, es bueno preguntarse sobre nuestros propios “tiempos”: el tiempo de estudiar, el de trabajar, el de criar hijos, el de hacer amigos, el de enamorarnos, el de empezar de nuevo, el de aprender y el de aceptar que algunas cosas, simplemente ya pasaron.

                                                El Camino de la Vida

Que cosas hacemos en nuestro tiempo: ¿recoger cuando apenas estamos sembrando? ¿Hablar cuando quizá sea tiempo de escuchar? ¿Queremos que algo permanezca cuando su momento ya pasó? Esas respuestas la dictan los distintos eventos que marcan nuestro diario acontecer.

En la vida de cada uno, suelen haber cosas que están bien, otras que marchan regular y otras que andan no tan bien …. Quizá muchas veces lo que queremos es que se den las cosas en un momento que no corresponde … Tal vez la vida tenga mucho que ver con eso: aprender a reconocer los momentos que nos corresponden, disfrutarlos cuando toca y dejarlos ir cuando terminan.

Al final, quizás aquella lectura del Eclesiastés no hablaba solamente de la muerte, como pensé al llegar a aquella misa. También hablaba de nosotros, de nuestra vida cotidiana y de esos momentos que muchas veces queremos adelantar, detener o devolver. El Tiempo no parece pedirnos permiso, habrá que aprender a vivir cada cosa cuando llegue, porque Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo…

Nerea6@yahoo.com

 

 


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