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viernes, 24 de octubre de 2025

Ahora todo es malo...



Por Elsie Betancourt

            Hoy comer se volvió un campo minado. Lo que toda la vida fue normal, ahora es pecado mortal. Si no me creen les cuento lo que me pasó hace 15 días.

 Decidí hacer una visita al médico general, porque al levantarme, por la mañana, sentía un poco de mareo. La doctora muy amablemente me mandó hacer exámenes de todo, absolutamente de todo. Encontró que tenía un poco subida la glucosa en la sangre en los últimos meses…. Fijo fueron las galletas oreo que me encanta comerlas con un café por la tarde, o con el infaltable muffin de zanahoria o de banano.

            Pensaba que por estar físicamente activa con el ejercicio y el tenis me podía conceder esos caprichos; en general no soy muy dulcera…. Al parecer es “malo” comer hoy, arroz, dulces, pan y sigue la lista, porque ahora el azúcar hay que desterrarla como el mas vil enemigo que tiene, “el estar saludable ".

            Cada semana cambia lo que es bueno o malo comer. Por ejemplo: “El huevo era malo, luego bueno…. Ahora hay que comer al menos 4 diarios; después malo otra vez, ahora sólo la clara, mañana sólo la cascara y el viernes, hay que tener cuidado porque ¡el huevo mata¡¡¡ … para completar tienen que venir de gallinas criollas, alimentadas sanamente, con heno orgánico, meditación guiada y playlist de Mozart, porque si no, no sirven mucho. 

            Las pobres vacas que se ven cuando vamos a Cartagena o a otros municipios cercanos, les está tocando duro cuando hay sequía; les toca comer lo que haya en esos playones secos… el contraste con las vacas en Inglaterra, que se alimentan de pasto, hierba seca o hierba fermentada. Durante el invierno cuando no hay pasto fresco se les complementa la alimentación con concentrados y suplementos…. lo que es la moda.

            Me acuerdo mucho que mi mamá en el desayuno ofrecía en forma variada, queso, arepa con mantequilla, guineítos verdes, pan, huevos, chocolate espeso; almorzabamos con todo tipo de proteínas, arroz, pastas, sancochos, etc. y por la noche la comida era también cargadita…. Que diría si viera que lo más aconsejable hoy según los gurús de la alimentación, es que hay que desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo. Y eso que ella murió de muerte natural, a los 96 años y muy consciente de su vida y nunca cenó como mendigo.

            Yo toda mi vida he comido arroz, he comido pan, he tomado leche entera y ahora me siento culpable cuando me como media ración de arroz; no como pan, no tomo gaseosas, azúcar casi cero, ufff…. Y hay un gusanito que me pide que siga comiendo todo lo que he comido en mi vida… afortunadamente estoy sana y muy energética… ¡que difícil sostener la dieta perfecta que exige el mundo moderno¡

            Muchos son los videos que por redes nos acosan con el hecho de señalar lo que es malo en nuestras costumbres, alimenticias especialmente. Hoy bebemos leche deslactosada, descremada, “desabria” y vivimos enfermos del colon, del alma y de la billetera…. Recientemente oí decir que la leche de almendras (con la que desayuno) tiene unos aditivos que no son saludables…. ¿¿¿¿Y entonces???? El arroz supuestamente contiene arsénico…. Creo que lo mejor es ignorar a los expertos nutricionistas, hay muchos que son muy jovencitos, y sin evidencia científica y experimental, se atreven a pontificar sobre lo que es bueno o malo en nuestros hábitos diarios.

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            La paranoia moderna juega con el exceso de etiquetas: Sin azúcar, sin sal, sin gluten, sin lactosa, sin felicidad…. Lo único que tiene hoy la comida es precio porque sabor, ya no…Ya lo que la abuela tradicionalmente nos ofrecía en los almuerzos de los sábados está proscrito de los menús saludables….

            La otra vez fui a la panadería a comprar pan; me encantan las piñitas, ahora las veo de lejos; el pan integral tenia azúcar, el sin azúcar tenia edulcorante, el sin edulcorante tenia gluten, el sin gluten no sabia a nada… así que preferí comprar bollos de mazorca…


            Entre tanta regla y prohibición se nos está olvidando disfrutar… Comer debe ser un placer y no una ecuación de bioquímica. La vida entra por la boca y no se puede vivir a punta de miedo. Voy a seguir comiendo. Cuidando las cantidades, por si las moscas. Total, de algo hay que morir.

Nerea6@yahoo.com

 

 



domingo, 5 de octubre de 2025

Marca Personal




Por Elsie Betancourt

    Últimamente he pensado mucho en la huella que dejamos en los demás. No solo cuando morimos, sino también en esos pequeños momentos en que alguien nos recuerda por lo que fuimos, dijimos o hicimos. Esa huella —que no siempre advertimos mientras la trazamos— es, al final, nuestra verdadera marca personal.

    La marca personal no es una etiqueta ni una estrategia; es la impresión que proyectamos de nosotros mismos al mundo, basada en nuestras habilidades, valores y personalidad. Es lo que nos diferencia, lo que genera confianza, lo que abre puertas. Y se manifiesta en todos los ámbitos: en lo social, lo personal, lo profesional.

    Recientemente estuve en la misa de difunto de una persona cercana, y me puse a pensar en eso: en la impronta que dejamos con nuestro accionar. Cuando alguien muere, solemos decir “era tan bueno”, “pobrecito”, “no se metía con nadie”, era esto y lo otro … y casi nunca somos capaces de decirle en vida lo que admiramos —o incluso lo que detestamos— de esa persona.

Es interesante pensar con qué nos asocian los demás en la vida diaria. A mí, por ejemplo, me dicen “la Rapidito”, porque me gustan las cosas enseguida; soy puntual, estricta, ordenada, asertiva, intensa y, sobre todo, las metas que me propongo las cumplo.

Sería un buen ejercicio preguntar a quienes están cerca de nosotros, cómo nos perciben-no porque necesitemos la aprobación de nadie, para actuar, porque no la necesitamos, sino porque el ejercicio en sí mismo es revelador.

Siempre escucho decir que en la vida lo que cuenta es el día a día, la familia, los amigos… Y me pregunto: ¿cómo hacer las paces con la vida? Tremenda pregunta. Quizás de eso se trate al final: de reconocer lo que somos sin maquillarlo, de aceptar nuestras luces y nuestras sombras y de vivir en paz con ese retrato que los demás guardan de nosotros.

Recordé el hermoso poema de Amado Nervo, En Paz, que parece escrito para quienes alguna vez nos hemos preguntado si hemos estado a la altura de la vida:

 

Y así sigue ese poema, con la serenidad de quien entiende que todo —lo dulce y lo amargo— formó parte del mismo viaje. Ninguna cantidad de ansiedad, cambia el futuro, ninguna cantidad de arrepentimiento cambia el pasado, pero cualquier cantidad de agradecimiento puede cambiar el presente.

Quizás nuestra verdadera marca personal no se mida en logros ni titulos, sino en la emocion que dejamos vibrando en quienes nos conocieron; no sólo en lo que decimos ser, sino en lo que los demás sienten cuando ya no estamos. En las pequeñas acciones, en los gestos mínimos que, sin darnos cuenta, van delineando el recuerdo que dejaremos. Quizá ahí esté la verdadera marca personal: en saber agradecer, incluso a la vida misma, por habernos permitido dejar una huella, aunque sea pequeñita, pero nuestra.

        Al final, somos lo que hacemos con lo que la vida nos da y lo que los otros recuerdan de eso. Si dejamos una huella de bondad, honestidad o gratitud, no haria falta mas para decir, que en paz, supimos estar vivos.


Elsie Betancourt