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domingo, 14 de febrero de 2021

Cero Excusas

 


Por Elsie Betancourt

            Quiero reflexionar sobre este tema, porque me parece interesante ver como los pretextos que uno se inventa ya sean consciente o inconscientemente muchas veces lo que logran es que las personas se queden estancadas, hasta se auto sabotean y en el peor de los casos pueden configurar un estilo de vida. Me parece que la excusa es un tipo de enfermedad que no nos permite avanzar, nos atrapa y muchas veces se vuelve nuestra compañera de vida.

            La excusa es cuando uno saca razones para despojarse de eventuales culpas, no tener ganas de hacer algo, liberar a alguien de una obligación o responsabilidad, impedir que algo se concrete. Puede ser un pretexto para evitar obligaciones o disculpar alguna omisión. Me viene a la mente,  antes de la pandemia, un pequeño afiche que tenía en mi salón de clase, que decía: “EXCUSE LIMIT= 0”… la premisa que tenía en mi clase era la de que no me gustaban las excusas y mis estudiantes,  jocosamente le recordaban a sus otros compañeros la norma en mi salón, cuando el aguacero de éstas inundaban la clase; ellos eran los encargados de recordar omitirlas cuando no se cumplía alguna tarea… al menos se logró un poco de concientización en asumir cada uno sus responsabilidades.

            Las hay de todos los tamaños y contenidos; por ejemplo, culpamos a los maestros por nuestras calificaciones bajas, al gobierno por nuestra falta de plata, a la sociedad por nuestras actitudes vandálicas; hay casos en los que los estudiantes la tienen a la mano como: es que el internet falló, es que me duele la cabeza, es que se me olvidó, es que no puedo, es que es muy difícil;  y así sigue la “laaarga” lista. La culpa, a veces, es de los otros no de uno. Me llega a la mente una frase que dice “Nunca expliques, Nunca te quejes...” Creo que el uso del pretexto y de la justificación a cualquier error o incompetencia, es un modo de disimular las inseguridades y en cierto modo de proteger el propio ego. Que tal si cambiáramos el “Es que yo no….” por “Reconozco que yo….”? De pronto se podría ver un cambio en nuestras actitudes y dejaríamos atrás el Esqueismo.


            En una ocasión leí un comentario que hacía un escritor francés Stendhal: “Quien se excusa, se acusa…” me parece sabio lo que afirma. Pienso que en cierta forma estas excusas tienden  a salvaguardar el autoestima y no mostrar realidades que uno puede tener como la inseguridad, la inmadurez e incluso el miedo. No sé por qué hay personas que se queman las neuronas inventando pretextos, con lo fácil que es decir: No quiero, No tengo ganas, No me importa… Será una mejor estrategia para erradicar la “excusitis aguda”? Quién sabe, opinen…

            Hoy en día, cuando alguien comenta que no tiene tiempo, en realidad cuesta creerlo, porque todos podemos hacer lo imposible para “sacarle el jugo” al día haciéndolo rendir y ni que decir de las redes sociales (llámese twitter, whassap, facebook…) porque en 1 minuto actualizamos cualquier información.

            Somos expertos en buscar explicaciones para nuestros fallos y así pasar a ser víctimas. Olvidamos que equivocarse es propio de cualquiera y precisamente esas piedras que nos hacen tropezar son las que nos permiten crecer y evolucionar. Con los años he descubierto que el mejor medicamento para atacar este mal consiste en dejar de usarlas (las excusas) y asumir la responsabilidad de cada una de nuestras acciones y de nuestros resultados. Nadie es responsable de nuestra existencia. Todo triunfador y soñador está libre de excusas.

Escucho las opiniones de mis lectores…

nerea6@yahoo.com

viernes, 22 de enero de 2021

¿EN- REDADOS?...


Por: Elsie Betancourt

            Hoy por hoy, los medios de comunicación promueven el consumir noticias rápidas, que se ven con la vista y el oído y que no necesitan mucha reflexión o análisis. Con el reciente bloqueo de las redes sociales de Trump, se han suscitado muchas reflexiones sobre el poder que éstas tienen para bien o para mal.

            Si bien es cierto, vivimos en el tiempo de la información, en la era de la comunicación y la tecnología, en la era del Internet y más… estas herramientas aparte de sumergirnos en el “maravilloso” mundo de lo virtual,  (bastante inexplorado para los que no nacimos con el chip de lo digital), francamente nos están alejando de la verdadera comunicación, aquella que se hace frente a frente, voz a voz razonando con argumentos, ante posturas, ideas, situaciones, etc.

            La idea que se tiene de muchos de los actuales medios digitales, es la de que recopilan la información de sus usuarios y luego la usan para mandarles publicidad y en otros casos determinar la conducta, de los individuos suscritos. Recuerdo que no hace mucho tiempo, el tener o no tener una página web era requisito para estar presentes en cualquier ámbito de la sociedad. Cuando dirigí, hace unos años una Fundación para promover el tenis en niños y jóvenes de estratos económicos poco holgados, recuerdo que para mí fue necesaria la creación de la pagina web de la fundación para así poder dar a conocer los objetivos de ésta, en forma fácil y ganar adeptos para la causa… en su momento fue muy importante y cubrió su objetivo.

            No obstante, creo que el uso de los medios puede ser dual. En cierta forma, las redes virtuales construyen y destruyen. Informan de situaciones injustas, develan actuaciones desajustadas, promueven el fanatismo, el odio, son canales para libre expresión con o sin fanatismos. Los expertos en redes, coinciden en que en muchas oportunidades grupos extremistas se basan en las redes (whatsapp, twitter) para promulgar ideas que pueden atentar contra la población, grupos religiosos, entre otros, por lo que se abre el interrogante sobre si se deben censurar éstas. Si no, recordemos las faenas de Mr.Trump con sus incitaciones… ni que decir cuando se pontifica políticamente bien o mal de este mundo y del que está más allá de la estratosfera. Por medio de ellas (las redes sociales), nos podemos volver más ciudadanos del mundo, al conocer gente de otras partes, pero al mismo tiempo nos alejan más de nuestra propia familia, de nuestro entorno, de la realidad que vivimos muchos… también podemos conocer historias de vida, documentales, informativos locales, he ahí… alguno de sus aspectos positivos.

            Creo que malo es no estar en el medio, pero el estar por estar, tampoco lleva a “ningún Pereira”… cada red social tiene su público… antes creo que hay que saber qué es lo que queremos pescar en ellas, de lo contrario lo más normal es que terminemos “enredados”.


        No estoy en contra de lo que ofrece la virtualidad, sé que es una herramienta muy importante y útil,  sobre todo en esta época; lo que pasa es que cuando se vuelve el objetivo de la vida, la razón de ser, hay que prender las alarmas. Que tal, cuando nos levantamos,  lo primero que hacemos es coger el celular para ver quien escribió, cual es la última en facebook, el último video de tik tok, lo último en instagram, la última conversación en whatsapp, etc.… creo que estamos entrando a la boca de ese lobo que llaman “redes sociales”, sin reparo alguno y la más mínima resistencia. Habrá que pellizcarse en el uso de las mismas, para que aplique: “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre “…

nerea6@yahoo.com




miércoles, 6 de enero de 2021

Neuronas Inteligentes...

 

Por Elsie Betancourt

            En nuestro cerebro existen alrededor de 80 millones de células llamadas neuronas, que son las encargadas de participar en las funciones relacionadas con el sistema nervioso. Diariamente se pierden muchas de éstas pero también se regeneran. Constituyen el software que tenemos  para desarrollar en la vida, ya sea con actividades saludables (ejercicios, comer bien, hacer lo que a uno lo hace feliz, etc.…) y otras no tan saludables como tomar y fumar, en exceso,  darse mala vida, abusar de las drogas.

            La mayoría de nosotros, olvidamos que sobre los hombros tenemos el motor pensante al que hay que estimular para mantenerlo en forma. La rutina diaria, la flojera, el desinterés por la lectura, el pasar horas frente al televisor o en el celular o tirado en la cama, la inactividad física, el no buscar nuevas experiencias, el abuso de la comida, el aislamiento social, la ausencia de hobbies, a la larga tienden a embotar el cerebro. Siempre he escuchado que así como entrenamos el cuerpo físico con ejercicios de toda índole, la mente requiere estar fit y actualizada.

                        Todo este preámbulo me lleva a pensar en lo difícil que a veces resulta educar o educarse. Para muchos padres y para los mismos adultos cuando tratan de perseverar en lograr hacer cumplir con una tarea escolar o una que le competa en el plano personal,  puede que surjan 9 razones para desfallecer pero, siempre tendremos la 10ª: la que es empujada por  la “neurona inteligente” que nos impulsará. Por ejemplo cuando hay que levantarse temprano para hacer ejercicio, aflora el estoy cansado, ayer me acosté tarde, mañana lo hago sin falta, la semana entrante fijo comienzo… y no falta el “alter ego-neuronal” que nos empuja a levantarnos y a insistir para crear el habito y cumplir con nuestro objetivo (si es que ya no se tiene creado éste).

            Literalmente el ego es el “yo”  y el alter ego es el “otro yo”. Del primero somos conscientes y es el que dirige nuestras actuaciones.  El segundo es el que hay que tener fortalecido para que siempre esté presente en decisiones importantes. Necesitamos más de esas neuronas inteligentes que duermen en nuestro inconsciente para llenarnos de una buena onda que permita que podamos realizarnos en lo que más deseamos.

            Una idea que me parece interesante aplicar, a propósito de crear hábitos,  para chicos y grandes,  es la que leí hace poco; consiste en aplicar la regla del minuto o el método japonés Kaizen, que se traduce como sabiduría para cambiar. Sugiere que cualquiera puede dedicar 1 minuto a alguna actividad o tarea que le de pereza, para así convertirse (la tarea) en un hábito; gracias a la perseverancia, puede que resulte.

            Y hablando de hábitos, es bueno recordar que el ser humano puede sobrevivir 3 mins sin aire, 3 días sin agua, 3 semanas sin comida, 3 meses sin compañía. Lo que vivimos en estos últimos 10 meses de este año fue inesperado y todavía resulta desesperante. Esta situación inédita puede detonar la irritabilidad, los cambios de ánimo o de patrones regulares de vida. Me pregunto si debiéramos leer sobre los monjes, quienes saben mucho del exilio, ya que han sobrevivido a plagas, saqueos y confinamiento y son un excelente ejemplo de cómo perseverar en la incertidumbre; saben  vivir más allá del tiempo y también en el presente.


            En los escombros del año 2020, lo único que cambiará es un # en el calendario, que deberemos asumir (2021) con una mirada llena de esperanza. La reconstrucción que tendremos que hacer en todas las instancias de nuestro diario vivir será un reto. Esotéricamente hablando, al parecer y por más absurdo que nos haya parecido lo vivido, esos “expertos” consideran que este evento se debió a una absoluta y necesaria restructuración planetaria para mejorar las condiciones estructurales de la humanidad, que estaban muy fueras de foco. Pienso que “nadie sabe nada…”

            De todas formas, estamos hechos de un material que nos permite levantarnos. Con la ayuda del que está arriba, esperemos que en este año que arranca,  vengan lo que más extrañamos entre otras cosas: abrazos, reencuentros, buenos propósitos, ilusiones, celebraciones, sonrisas, viajes y más abrazos. Nuestra inteligencia neuronal tiene que ayudarnos a plasmar un 2021 diferente. Ojalá, porque pinta ser un año cansado e incierto, ya que no hay la menor idea de cómo será la normalidad en caso de que la vacuna tenga éxito. No sabemos cómo cambiaran nuestras vidas o si volverán a ser como antes.  Hay que confiar más en lo que uno sientemás, que en lo que uno piensa¡¡¡

nerea6@yahoo.com

domingo, 20 de diciembre de 2020

Chao 2020¡¡¡

 

Por Elsie Betancourt

            Sin querer queriendo nos estamos aproximando al final de este año “tenebroso” para la humanidad. Las y los videntes que siempre están adelantándose a los acontecimientos por venir ni se imaginaron lo que éste 2020 encarnaría para el planeta. ¿Será por eso que se asocia el año bisiesto con cosas malas que nos pasan? Hay muchos ejemplos en la historia que coinciden con lo anterior: En 1912 se hundió el Titanic, en 1948 mataron a Ghandi; 20 años mas tarde a Martin Luther King,  en 1980 a John Lennon. Todos estos años fueron bisiestos. Al 29 de Febrero los escoceses lo consideran un día de mucha mala suerte.

            No sé si serán desafortunadas coincidencias, pero es mejor que este año pase lo más rápido posible. Todos estamos atemorizados y cansados en la incertidumbre de no saber que se nos viene.  Paradójicamente, hemos aprendido muchas cosas. Nos hicimos conscientes de algunos valores que teníamos olvidados. Empezamos a pasar más tiempo con los niños, frenamos el ritmo de vida, aprendimos del silencio y de la soledad. El mundo se nos abrió, si no se podía viajar, la tecnología nos permite viajar a lugares insospechados; Se acabó el salón de belleza, las uñas sin pinta-uñas ya respiran mas, lo mismo el pelo. Hasta la piel; ya no necesitamos estar maquillándonos porque con los tapabocas no se necesita éste. Ya puede uno desayunar sin pensar en trancones; la esclavitud del reloj ha pasado a un segundo plano; cómo nos hace falta la socialización a la que estábamos acostumbrados, ahora si valoramos más los momentos especiales, con hijos, amigos especiales y familia, por supuesto que a metro de distancia. El valor de las cosas materiales se ha devaluado. De qué sirve tener los zapatos, carteras, pintas de marca, cuando es mejor “no salir?”...

            Es muy cierto que no hay pruebas que indiquen que todos estos sucesos que hemos vivido, sean atribuibles al año por ser bisiesto; pueden contraponerse otros hechos positivos, pero la cuenta de los sucesos negativos acaecidos en ese año especial, inclina un poco la balanza hacia lo siniestro. Dejando a un lado los agüeros, me pregunto cómo vendrá el 2021?

            Creo que ya todos estamos aprendiendo lecciones en carne propia y en la de familiares y amigos con lo que hemos vivido en este año. Ojalá no se repitan las malas experiencias el año entrante.  La vacuna parece ser el remedio infalible a todo este rollo. 40 millones de ellas¡¡.. esperemos que no se tuerza el camino de ellas. Ojalá Diciembre no sea la nueva plataforma de despegue del virus. Ese bendito virus, se mueve, se expande, se propaga hasta que explota. Cae el blanco, el negro, el pobre, el rico, el bello, el maluco… nadie se salva, hasta ahora sólo el que goza de un cuerpo sano e inmunizado lo logra.

             El mundo definitivamente ya no será el mismo, pero hemos visto que no importa, siempre nos podremos reinventar. La ansiedad del futuro, la incomodidad al perder las rutinas y actividades de esparcimiento y la incertidumbre económica que significa el virus, taladran diariamente las expectativas de lo que esperamos tener al estrenar un nuevo año. Este 2020 ha sido un año para olvidar: Adiós al miedo, hola al Futuro.

            Sólo me resta desear un 2021 lleno de bendiciones y salud a mis lectores, que nos cuidemos con todas las precauciones posibles para evitar que sigamos amargados, en peligro y “acuartelados”. Quiero seguir compartiéndoles mis ideas peregrinas y me siento muy agradecida cuando las leen.

nerea6@yahoo.com

 

 

martes, 8 de diciembre de 2020

El Mejor legado¡

 

Por: Elsie Betancourt

                Mi niñez estuvo llena de muchos estereotipos (o sean modelos o patrones de conducta de cómo actuar, pensar y sentir). Crecí viendo por ejemplo, castigos con algunos llamados de atención, apertura de ojos (cuyas miradas hablaban más que 1000 palabras), entonaciones fuertes y hasta chancletazos;   los profesores estaban autorizados para imponer la disciplina y la falta de atención en el colegio, con reglas largas de madera, para estimular a punta de reglazos, que aprendiéramos, estudiáramos e hiciéramos tareas, si o si. En la casa, cada quien tenía que responder por sus funciones, ya fuese estudiar, hacer los deberes, ayudar a recoger el desorden que armábamos. Jugábamos en combo, con mis hermanos y amigos en la calle, nos bañábamos en el agua lluvia, tomábamos agua caliente (por el sol)  de las plumas que habían en cualquier patio delantero de las casas; callejeábamos, montábamos bicicleta y hacíamos muchos planes chéveres. Claro está, todo eso se podía hacer antes, sin mayor preocupación o supervision por parte de los papas ya que habían otras condiciones de seguridad; a veces sin que ellos dieran el permiso, nos escapábamos, pero nada serio pasaba al regresar a casa, sólo el consabido llamado de atención verbal.  La autoridad de los padres era acatada y respetada y no se discutían sus decisiones. No sé si fue el mejor método de enseñanza que tuve, pero ese fue al que tuve acceso.

                Me considero que estoy sana y equilibrada con proyectos de vida varios que he sacado adelante con mucho tesón y éxito en algunos. Nunca me traumaticé y siempre tuve muy claros los códigos y valores que recibí siendo niña. Considero que el maltrato físico  no es el mejor método para formar, ni defiendo las “perrateadas” en el buen sentido de la palabra a las que se exponía uno cuando las cosas no marchaban bien, entre los amigos o en la misma casa. Ciertamente el “autoestima” salía afectada, pero la “resiliencia” que todo ser humano tiene desarrollada o no, permitía crecer fuerte y con coraza para defenderse de lo que se viniera. Hoy seguramente el proceso de crecer ante tantas distracciones, entretenciones y la facilidad de tener todo a un “clic” puede ser mejor o peor, no sé.

                Me llama la atención el análisis que la filosofa española Montserrat Nebrera hace,  al considerar en un estudio realizado por ella,  que los hijos de la Generación X (nacidos a finales de los 60 y los 80), que están alcanzando los 18 años de edad- un gran número de ellos, conforman la “Generación Cristal” . Al parecer, muchos carecen de patrones definidos  que orienten su vida y son frágiles ante los embates que la vida produce. Esa característica “cristal” se refiere a la fragilidad o manera en que quedan rotos por dentro si algo no les sale como ellos deseaban. El análisis concluye que estos jóvenes son así de inestables porque sus padres quizás vivieron épocas de carencias materiales y emocionales y se empeñaron en salir adelante para darles todo y que no les faltase nada, como a ellos en su momento.

                Ese análisis me ha puesto a pensar y creo que conecta de alguna manera con la realidad que muchos vivimos actualmente.  En los  métodos de crianza que existen en este siglo XXI, (aclaro no en todos), hay un elemento que engloba las herramientas usadas para educar y es la Sobreprotección, que sumada a la ausencia de reglas, sanciones y atiborramiento de juguetes de todo tipo, tiene su efecto. ¿Nocivo o beneficioso?  Cada quien sabrá y lo sopesará.

                Creo que aprender a vivir libre y responsablemente implica asumir las consecuencias de nuestras acciones y decisiones. Un padre o madre que prive a sus hijos de esta posibilidad, claramente tendrá que cargar con tener hijos que no sepan solucionar conflictos en su día a día, y ser autónomos. Se corre el riesgo de que siempre estén aburridos y no saben  cómo estar ellos, consigo mismos. Cuando se cumplen reglas en cualquier escenario, ya sea la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, tienen que obtenerse resultados acordes con esas reglas. Creo que aquí la flexibilidad juega un papel importante junto con la creatividad. Son características que pueden y deben existir, porque no se trata de actuar como producto de un molde: Todos iguales.  En la variedad está el placer, reza el refrán popular;  para ser y hacer con la carga genética que todos traemos hay que ser originales.

                Para terminar, lo ilegal, lo no ético, lo malo, no se debe festejar en los niños. Si se hace, tarde o temprano las consecuencias saltarán. Como dice el proverbio callejero, los niños no nacen malos, se hacen con el ejemplo que ven. Pienso que hay que recuperar la responsabilidad, la autoridad y la disciplina en la crianza. Si todas éstas se ponen en práctica, felicitaciones ¡ porque estamos formando buenos seres humanos y ese gran legado (el de la educación responsable), es un regalo que  no tiene precio y es irremplazable.

nerea6@yahoo.com

 

 

martes, 24 de noviembre de 2020

Miedo al Cambio

Miedo al Cambio

Por Elsie Betancourt

                        Cambiar significa modificar nuestra conducta o forma de pensar ante una nueva situación. Sin darnos cuenta, lo que vamos viviendo va modificando nuestro carácter. Algunos aspectos se fortalecen, otros se debilitan y salen las nuevas conductas, formas de pensar, etc.

            El cambio es una constante en nuestra vida. Desde que nacemos nos enfrentamos siendo o no conscientes, a distintas situaciones que nos obligan a adaptarnos al entorno. Cuando niños, esos cambios vienen dictados en su mayoría por el exterior: para los más pequeños, llega el momento de no usar chupo, porque ya son grandes;  hay que llegar solos al colegio, dejando atrás a las personas encargadas del cuidado, quienes muchas veces quedan sumidas en el desconsuelo de ver cómo cambia el chiquito; se cambia de ciudad para comenzar a ir a la escuela, a la universidad, por una y más circunstancias y sigue la interminable lista de los cambios, a veces no deseados.

            A medida que crecemos, esa realidad cambiante permanece pero también comenzamos a tomar decisiones que obedecen a inquietudes o necesidades intrínsecas. Esto puede ser motivado por alguna insatisfacción en cualquiera de las áreas de nuestra vida. Un ejemplo claro, lo ilustra la costumbre muy frecuente en los 31 de Diciembre, de hacer la famosa lista de propósitos; en la que aseguramos firmemente que esta vez si van en serio y generan un cúmulo de ilusiones que cuando aterriza el año nuevo se van difuminando algunos, quizás por la pereza o el compromiso con uno mismo a cumplirlos. Soñar no cuesta nada.

            A la hora de tomar decisiones, nos sentimos ansiosos y tenemos dificultades para poder avanzar hacia nuestras metas. Muchas veces nos estancamos. Por ejemplo, prolongamos en el tiempo, relaciones inconvenientes aunque no nos aporten felicidad. Permanecemos quemados en la misma “chamba”, aunque sepamos que si nos esforzáramos podríamos mejorar. Seguimos muy posiblemente sin ponerle límites a los demás por nuestras dificultades y temores para decir: NO MAS ¡

            El encierro al que ha conducido esta pandemia ha desnudado muchos frenos para hacer cambios en la vida. Sentir miedo por lo novedoso es legítimo… cuánta seguridad nos proporciona la rutina y cuánto temor la perdida de ésta. Sin embargo, toda transformación conlleva cambios. Creo que el miedo al cambio, lo genera el temor a equivocarnos y a salir de nuestra zona de confort. En ésta, todo lo dominamos, pero si salimos de ella podríamos sentirnos vulnerables y débiles.

            Enfrentar el cambio, creo yo, depende en gran parte de nuestra autoestima. Cuando nos sentimos seguros y capaces vemos el cambio como un reto o una motivación positiva. Cómo lo enfrentamos, depende en gran medida de lo que aprendimos en nuestra infancia o ante situaciones dolorosas.

            Hay que viajar y explorar el mundo de oportunidades que la vida nos presenta, sin billete de regreso comprado. Como diría Mafalda: “Que el mundo se pare, que yo me bajo”…  No nos vendría mal poner el celular en modo avión en el fin de semana y en la medida que confiemos, mantengamos la curiosidad y el aprendizaje, creemos espacios de paz para encontrar recursos para contemplar el cambio de una manera más constructiva; muy posiblemente se podría contrarrestar ese miedo que todos sentimos a lo diferente, haya o no Covid.

nerea6@yahoo.com

jueves, 29 de octubre de 2020

¿Juventud, divino tesoro...?


Por Elsie Betancourt

        Es claro para todos o casi todos, la posición que ocupan hoy en día muchas de las personas de la tercera edad, (los de 60 p´arriba): es una posición “subalterna”;  supeditados a lo que dicta la nueva moda: El Edadismo. (El edadismo es discriminar a una persona por su edad). Estamos sujetos a la cultura que homenajea la juventud. Antes, se producía el mismo fenómeno. Escultores como Miguel Ángel, nos recordaban la eterna admiración que siente el ser humano por la juventud, símbolo de la belleza efímera. En la antigua Grecia, poetas como Homero, alababan los cuerpos jóvenes de los guerreros.

         Hoy, por las políticas de salud pública, el desarrollo socioeconómico, las comunicaciones y por otros factores, la proporción de personas mayores está creciendo de forma exponencial en casi todo el mundo. Antes, una persona de 40 años era considerada “vieja”. Hoy, apenas se está asomando a la etapa madura de la vida. Se suele oír decir que los que tienen 60 o más actualmente  son equiparables a los que tenían 40 o más en el siglo pasado.

            Yo no sé porqué, siempre he sido atraída por gente mayor. Cuando estaba chiquita quería ser grande. En el colegio me llevaba mejor con los profesores que con los niños. En la Universidad casi que lo mismo. No fue hasta que pasé los 25 que me di la posibilidad de tener más amigo/as de mi edad. Claro, durante esos años he comprobado que los mayores no todos son como creía de niña, gente sana y cultivada. Hay de todo como en botica.

            Pienso que nuestra sociedad considera a muchas personas mayores, como inútiles sociales. Con el tema de la importancia que se le da al cuerpo y la imagen exterior, muchos salen mal parados. A lo mejor al llegar a finales de este siglo, que está convertido en la búsqueda gozosa de las cirugías plásticas, los gimnasios, las dietas estrictas, el maquillaje, las ropas rejuvenecedoras, la liposucción…etc., el sueño masivo de consumo y ansiedad por resistir al tiempo estará disparado. Recientemente leí una reseña de Carl Honoré, quien afirmaba que “El Culto a la juventud hace que a los 40 años ya nos sintamos en decadencia”.  Será que como él dice “Reprimimos y expulsamos a la vejez, para que no nos recuerde la muerte que seremos?....Tremendo mensaje”. En donde quedará la gran sabiduría y experiencia acumulada que las personas mayores almacenan? En un San Alejo mental? Tristemente en muchas ocasiones ser mayor, se asocia con ser excluido en muchas partes y de muchas actividades. La reciente Revolución de las Canas, es ejemplo de ello. Frecuentemente oímos frases lapidarias como: “estás muy viejo para….”, “ dedícate a algo acorde a tu edad…” etc.

            Paradójicamente, todavía hay sectores vedados para los jóvenes. Para la toma de decisiones políticas y económicas, prima la experiencia y madurez que puedan tener los candidatos. El acceso al poder por parte de los jóvenes aun está en desventajas frente a los mayores, esos que fungen como “zorros viejos”. Pero vuelvo a repetir, entre éstos últimos,  hay de todo como en botica.

            Por lo pronto, puedo concluir que cada edad tiene sus pros y sus contras. Uno debe ser dueño de la que tiene para vivir la vida de la manera que quiera. No me imagino cómo será el envejecimiento en el futuro. Allá por los comienzos de la segunda mitad del siglo XXI, cuando los jóvenes de hoy alcancen su vejez,  ojalá estén preparados para asumirla sin prejuicios y actitudes negativas. Me encantó lo que leí en una ocasión: Una vejez sana es hija de una juventud ordenada. El culto a ésta es un fenómeno recurrente en la historia de las sociedades. ¿Debemos seguir cultivando ese tesoro?... No se. Ciertamente, la carencia de un rol reconocido de los adultos mayores dentro de la sociedad, está afectando nuestra memoria histórica, aquella que nos permite entender quienes somos, de dónde venimos y para dónde queremos ir. Me encantaria oír las reflexiones de mis lectores, al respecto.

nerea6@yahoo.com