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jueves, 18 de diciembre de 2025

Crónica de una Gata Curiosa (En Navidad)


Por Elsie Betancourt

Nubecita es una de mis gatos adoptados. El otro se llama Nina —aunque es macho—. Cuando fui a recogerla al sitio donde me la habían ofrecido, ella se había escondido en el patio del vivero y no pude encontrarla. Desde ese día entendí que estaba a punto de adoptar a alguien temeroso y escurridizo.

Quince días después de aquella fallida recogida, la dueña del vivero me llamó de nuevo: por fin habían encontrado a la pequeña gata detrás de unas poteras. Parecía hecha de humo y algodón; muy flaca, larguita, y con unos enormes ojos amarillos que resaltaban en su pelaje. Sus hermanos y su mamá habian desaparecido. Desde el primer momento se mostró cariñosa conmigo. Donde yo iba, ahí estaba ella, pronta a revisar cualquier cosa que se moviera… y si se movía, más rápido aún.

La Navidad siempre ha sido una fecha muy especial para mi familia. Me encanta decorar la casa con el pesebre, el arbolito, luces de colores, bolas y otros adornos. Lo que no tenía en mi registro, era la obsesión que estas decoraciones podrían despertar en mis gatos: el pesebre hecho con cajas cubiertas de papel verde que simula la grama; la casita del Niño Dios, ovejas, pastores, los tres reyes magos; y por supuesto, el árbol de Navidad… entre más grande, mejor para ellos, era una tentacion inevitable.

                                                     Algo extraordinario iba a suceder...


Cierto día de diciembre, mientras recibía la visita de unos familiares, la casa brillaba por la noche con las tipicas  luces navideñas. Todos reían, el aroma de la época lo llenaba todo. De repente, alguien preguntó por los gatos… y me di cuenta de que hacía rato no los veía. Me preocupé enseguida. Miré alrededor y noté que, en el piso, junto al árbol, había luces caídas y ramas estrujadas. El corazón me dio un salto: ahí tenía que estar uno de ellos.

Efectivamente, al revisar el árbol, vi en la parte superior una cara de gato gris mirándome fijamente desde el fondo del mismo. Nubecita tenía entre sus patas los cables de las lucecitas. Llamé a mi hermana para que me ayudara a sacarla de allí, con sumo cuidado, porque un mal movimiento podía hacer caer todo el árbol y desatar un desastre navideño.

Cuando Nubecita se vio descubierta, corrió por la parte central del árbol y se escabulló hacia abajo con una velocidad impresionante. En su escape se trajo bolas de Navidad, luces, y casi tumba el árbol. El susto que se llevó fue tremendo… el mío también.

Desde entonces, en mi casa hay restricción total para el área donde están los arreglos navideños. Nubecita no lo ha aceptado del todo: cada diciembre se siente como si estuviera cumpliendo una condena injusta. A veces se sienta frente a las cintas de bloqueo imaginarias, mirando el árbol con la misma seriedad con la que otros miran una puerta de prisión y mirándome a mí. Yo sé perfectamente lo que piensa:

                                                           “Algún día… volveré a subir.”


Ahora, los adornos viven tranquilos, el pesebre duerme en paz…y Nina y Nubecita vigilan desde lejos, esperando el momento oportuno. Porque una cosa es segura: el espíritu navideño vuelve cada año… y los planes de Nubecita también. Con gatos en casa, este espíritu siempre viene con adrenalina….

                                          Les deseo una Feliz Navidad

 

Paseo sin Aviso

 


Por Elsie Betancourt

            ¿Porque será que los humanos se sorprenden tanto cuando desaparecemos? Recuerdo mucho cuando siendo muy pequeña, vivía con mi mamá y mis 3 hermanos en un sitio donde había matas muy grandes, lleno de olores raros y muchos huecos para esconderse… me encantaba explorar y el olor de tierra mojada hacía que me moviera y corriera detrás de lo que se moviera.

Un día, sentí ruidos:  parecían venir de criaturas invisibles, gigantes que respiraban y sentí cerca de mi escondite, unas manos que no conocía, moviéndose entre las plantas. Me buscaban. Desaparecí como llevada por un rayo de mi escondite.  No veía a mi mama y mis 3 hermanos; me seguía preguntando para que me querían encontrar. Sabía que si me quedaba quieta todos me olvidarían.



Desconfiaba del menor movimiento cerca de mí; un día, después de buscarme mucho, al fin me agarraron y me pusieron en una cajita de cartón. Estuve asustadísima; Hice todo lo que pude para salirme, pero no lo pude conseguir. Me tocó esperar hasta cuando me trasladaron a un sitio desconocido para mí.


No había grama, plantas, huecos; había un piso resbaloso y espacios grandes. Cuando me sacaron de la caja, todavía temblaba y me encontré con un gato blanco, quien no dejaba de mirarme y olerme. Le llamaban Nina.

Yo tenía hambre y sed; no sabía qué hacer, dónde pararme. Extrañaba mucho la arena mojada, las plantas, hasta mi hueco dónde dormía. Esa ausencia repentina de todo, me puso triste. Encontré un canasto en donde echaban cosas y ahí me acomodé. Me llamaban por Nubecita.

Poco a poco me fui acostumbrando al nuevo lugar…como no sabía dónde hacer mis necesidades encontré una caja con arena; al principio la compartía con Nina, pero como peleábamos, me consiguieron una, sólo para mí. Días después de mi llegada, empecé a explorar los alrededores del sitio. Había una zona en donde había muchas luces, bolas brillantes, cosas colgando de un árbol. Me parecían divertidas las correrías dentro del árbol. Para mí, éste era un gigante, con ramas suaves, luces tentadoras y bolas redondas de color que parecían gritar: “tírame, tírame, tírame ¡”.


            Ni que decir de un promontorio de cajas forradas, en donde había muchas figuras extrañas- entre éstas una casita hecha de paja, mi predilecta para dormir.

            Una noche, todo resplandecía en mi nueva casa; muchas luces se prendían y apagaban…. Los humanos hablaban, reían, había música que sonaba duro y yo decidí explorar y ver todo desde el árbol; subí con tan mala suerte que se cayeron unas bolas multicolores que colgaban; mi dueña pegó un grito y empezó a buscarnos a Nina y a mi… efectivamente al revisar el árbol, en la parte superior me descubrieron mirando a todos.

  Aterrorizada me bajé como pude del árbol y hasta me persiguieron con un periódico. Desastre total….

            ¿Qué creen estos humanos que yo iba a hacer ante tanto alboroto? Pues perderme… ahora sólo puedo admirar los alrededores sin entrar adonde está el árbol… ¿Y qué hace una gata sensata en pleno caos? Pues desaparecer. No por maldad… sino por talento profesional.

 

 



sábado, 29 de noviembre de 2025

Herencias Adquiridas ... ¿Seran ciertas?






 Una reflexión sobre lo que recibimos sin pedirlo...

Por Elsie Betancourt.

Recientemente estuve inmersa en una serie de gestiones legales porque mi abuela materna, había dejado un bien inmueble a sus herederos (hijos e hijas … que como ya fallecieron, le corresponde recibir a los que siguen en la línea familiar: nietos).

Siempre he oído decir que las herencias “a veces” generan problemas entre los herederos por posibles disputas entre quienes creen que les corresponde más o menos, según el caso …. En este contexto, son bienes materiales…. Pero entonces me puse a pensar en otro tipo de herencias, aquellas que no se disputan ni se miden: las intangibles…. Esas que no se cuestionan, sino que se asumen.

Según la definición formal, la herencia es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que, al morir alguien, son transmisibles a sus herederos o a sus legatarios. Analizando mas profundamente el tema que desarrollaré hoy, uno descubre que los muertos no sólo dejan cosas, sino hábitos, miedos, silencios, formas de querer, frases repetidas, gestos, manías.

Es interesante ponerse a pensar en qué cosas son realmente propias y cuales constituyen un sello y parecieran calcadas. Esas podrían llamarse las invisibles, las que no se especifican en las notarías. En mi caso, cuando niña, oía y veía que mi papa era disciplinadísimo, muy correcto y trabajador; eso constituía para mis hermanos y para mi …un ejemplo a seguir; mi mamá era muy sensata y aterrizada, “no comía de cuento” como se dice popularmente …. era el puente entre mi papa y cada uno de nosotros, cuando queríamos un permiso o cualquier otra cosa.  

Esa combinación produjo en todos nosotros un sello que yo diría “sello o impronta Betancourt” …esa mezcla de disciplina, sensatez y silencios que, sin proponérselo, terminan moldeando una identidad. 

Muy posiblemente, lo que escuchamos de niños se nos pega a los huesos. La verdad es que no se si heredamos sin haber pedido…. Hoy vemos familias en donde los ejes parecen haberse desviado y las ramas – los hijos- a veces sienten que no encajan en el tronco…. ¿Será que heredamos realmente la tendencia a repetir historias? Casos se han visto…. ¿Será que aprendemos sin darnos cuenta? ¿Será que la herencia no es genética, sino narrativa?

          

Video para recrear la herencia:

Quizás Uds. amigos lectores, tengan respuestas que sería muy interesante escuchar… A veces, como le oí decir a un querido amigo: “No todo lo heredado nos calza… uno puede amar a la familia y aun así desobedecer ciertas herencias”. ¿Se podrían devolver esas herencias? ¿Podrá uno? Hay que ver lo que dejamos en otros, la huella, especialmente en nuestros hijos….

Al final, creo que cada uno carga una maleta que no empacó, llena de historias que vienen de lejos: algunas nos abrigan, otras pesan mas de la cuenta.  Honestamente, hay que sacar lo que no hace parte de nuestro camino y quedarnos sólo con lo que da luz. La herencia deja de ser un destino y se convierte en una elección: lo que elegimos honrar y lo que queremos transformar. Mas que herederos del pasado debiéramos construir para el futuro.

Nerea6@yahoo.com




 



viernes, 24 de octubre de 2025

Ahora todo es malo...



Por Elsie Betancourt

            Hoy comer se volvió un campo minado. Lo que toda la vida fue normal, ahora es pecado mortal. Si no me creen les cuento lo que me pasó hace 15 días.

 Decidí hacer una visita al médico general, porque al levantarme, por la mañana, sentía un poco de mareo. La doctora muy amablemente me mandó hacer exámenes de todo, absolutamente de todo. Encontró que tenía un poco subida la glucosa en la sangre en los últimos meses…. Fijo fueron las galletas oreo que me encanta comerlas con un café por la tarde, o con el infaltable muffin de zanahoria o de banano.

            Pensaba que por estar físicamente activa con el ejercicio y el tenis me podía conceder esos caprichos; en general no soy muy dulcera…. Al parecer es “malo” comer hoy, arroz, dulces, pan y sigue la lista, porque ahora el azúcar hay que desterrarla como el mas vil enemigo que tiene, “el estar saludable ".

            Cada semana cambia lo que es bueno o malo comer. Por ejemplo: “El huevo era malo, luego bueno…. Ahora hay que comer al menos 4 diarios; después malo otra vez, ahora sólo la clara, mañana sólo la cascara y el viernes, hay que tener cuidado porque ¡el huevo mata¡¡¡ … para completar tienen que venir de gallinas criollas, alimentadas sanamente, con heno orgánico, meditación guiada y playlist de Mozart, porque si no, no sirven mucho. 

            Las pobres vacas que se ven cuando vamos a Cartagena o a otros municipios cercanos, les está tocando duro cuando hay sequía; les toca comer lo que haya en esos playones secos… el contraste con las vacas en Inglaterra, que se alimentan de pasto, hierba seca o hierba fermentada. Durante el invierno cuando no hay pasto fresco se les complementa la alimentación con concentrados y suplementos…. lo que es la moda.

            Me acuerdo mucho que mi mamá en el desayuno ofrecía en forma variada, queso, arepa con mantequilla, guineítos verdes, pan, huevos, chocolate espeso; almorzabamos con todo tipo de proteínas, arroz, pastas, sancochos, etc. y por la noche la comida era también cargadita…. Que diría si viera que lo más aconsejable hoy según los gurús de la alimentación, es que hay que desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo. Y eso que ella murió de muerte natural, a los 96 años y muy consciente de su vida y nunca cenó como mendigo.

            Yo toda mi vida he comido arroz, he comido pan, he tomado leche entera y ahora me siento culpable cuando me como media ración de arroz; no como pan, no tomo gaseosas, azúcar casi cero, ufff…. Y hay un gusanito que me pide que siga comiendo todo lo que he comido en mi vida… afortunadamente estoy sana y muy energética… ¡que difícil sostener la dieta perfecta que exige el mundo moderno¡

            Muchos son los videos que por redes nos acosan con el hecho de señalar lo que es malo en nuestras costumbres, alimenticias especialmente. Hoy bebemos leche deslactosada, descremada, “desabria” y vivimos enfermos del colon, del alma y de la billetera…. Recientemente oí decir que la leche de almendras (con la que desayuno) tiene unos aditivos que no son saludables…. ¿¿¿¿Y entonces???? El arroz supuestamente contiene arsénico…. Creo que lo mejor es ignorar a los expertos nutricionistas, hay muchos que son muy jovencitos, y sin evidencia científica y experimental, se atreven a pontificar sobre lo que es bueno o malo en nuestros hábitos diarios.

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            La paranoia moderna juega con el exceso de etiquetas: Sin azúcar, sin sal, sin gluten, sin lactosa, sin felicidad…. Lo único que tiene hoy la comida es precio porque sabor, ya no…Ya lo que la abuela tradicionalmente nos ofrecía en los almuerzos de los sábados está proscrito de los menús saludables….

            La otra vez fui a la panadería a comprar pan; me encantan las piñitas, ahora las veo de lejos; el pan integral tenia azúcar, el sin azúcar tenia edulcorante, el sin edulcorante tenia gluten, el sin gluten no sabia a nada… así que preferí comprar bollos de mazorca…


            Entre tanta regla y prohibición se nos está olvidando disfrutar… Comer debe ser un placer y no una ecuación de bioquímica. La vida entra por la boca y no se puede vivir a punta de miedo. Voy a seguir comiendo. Cuidando las cantidades, por si las moscas. Total, de algo hay que morir.

Nerea6@yahoo.com

 

 



domingo, 5 de octubre de 2025

Marca Personal




Por Elsie Betancourt

    Últimamente he pensado mucho en la huella que dejamos en los demás. No solo cuando morimos, sino también en esos pequeños momentos en que alguien nos recuerda por lo que fuimos, dijimos o hicimos. Esa huella —que no siempre advertimos mientras la trazamos— es, al final, nuestra verdadera marca personal.

    La marca personal no es una etiqueta ni una estrategia; es la impresión que proyectamos de nosotros mismos al mundo, basada en nuestras habilidades, valores y personalidad. Es lo que nos diferencia, lo que genera confianza, lo que abre puertas. Y se manifiesta en todos los ámbitos: en lo social, lo personal, lo profesional.

    Recientemente estuve en la misa de difunto de una persona cercana, y me puse a pensar en eso: en la impronta que dejamos con nuestro accionar. Cuando alguien muere, solemos decir “era tan bueno”, “pobrecito”, “no se metía con nadie”, era esto y lo otro … y casi nunca somos capaces de decirle en vida lo que admiramos —o incluso lo que detestamos— de esa persona.

Es interesante pensar con qué nos asocian los demás en la vida diaria. A mí, por ejemplo, me dicen “la Rapidito”, porque me gustan las cosas enseguida; soy puntual, estricta, ordenada, asertiva, intensa y, sobre todo, las metas que me propongo las cumplo.

Sería un buen ejercicio preguntar a quienes están cerca de nosotros, cómo nos perciben-no porque necesitemos la aprobación de nadie, para actuar, porque no la necesitamos, sino porque el ejercicio en sí mismo es revelador.

Siempre escucho decir que en la vida lo que cuenta es el día a día, la familia, los amigos… Y me pregunto: ¿cómo hacer las paces con la vida? Tremenda pregunta. Quizás de eso se trate al final: de reconocer lo que somos sin maquillarlo, de aceptar nuestras luces y nuestras sombras y de vivir en paz con ese retrato que los demás guardan de nosotros.

Recordé el hermoso poema de Amado Nervo, En Paz, que parece escrito para quienes alguna vez nos hemos preguntado si hemos estado a la altura de la vida:

 

Y así sigue ese poema, con la serenidad de quien entiende que todo —lo dulce y lo amargo— formó parte del mismo viaje. Ninguna cantidad de ansiedad, cambia el futuro, ninguna cantidad de arrepentimiento cambia el pasado, pero cualquier cantidad de agradecimiento puede cambiar el presente.

Quizás nuestra verdadera marca personal no se mida en logros ni titulos, sino en la emocion que dejamos vibrando en quienes nos conocieron; no sólo en lo que decimos ser, sino en lo que los demás sienten cuando ya no estamos. En las pequeñas acciones, en los gestos mínimos que, sin darnos cuenta, van delineando el recuerdo que dejaremos. Quizá ahí esté la verdadera marca personal: en saber agradecer, incluso a la vida misma, por habernos permitido dejar una huella, aunque sea pequeñita, pero nuestra.

        Al final, somos lo que hacemos con lo que la vida nos da y lo que los otros recuerdan de eso. Si dejamos una huella de bondad, honestidad o gratitud, no haria falta mas para decir, que en paz, supimos estar vivos.


Elsie Betancourt

 

martes, 9 de septiembre de 2025

¿Leer con los Oídos … Nueva Moda?

 

Por Elsie Betancourt

            Cuando niña, recuerdo mucho que me gustaba que me refirieran cuentos de todo tipo: de miedo, de sucesos reales, de los inventados, de la llorona a la que se le perdió su hijo, del diablo que salía el 24 de agosto y que tenía que encontrar a todos los niños acostados a las 7 pm.; la mayoría de esos cuentos se los oía a personas que ayudaban en mi casa, con los oficios. 

Oír por la radio las radio novelas que a mi mama y a mis tías les encantaba escuchar, captaban siempre mi atención y curiosidad. Me enganchaba el timbre de voz de los que representaban los distintos personajes. Fue clave, oír a los radio-actores involucrarse con los personajes… la generación de tensiones que se producía, que hacía que nos hicieran reflexionar, cuestionarse, ponerse tristes o también irónicos, en esa época en la que casi todo nos llegaba por lo que oíamos y tal vez no por lo que se leía… yo estaba muy niña y escuchaba más, de lo que me leían, antes de dormir. Esto, constituía una transmisión de conocimientos, de historias, cultura y experiencias de una generación a otra, a través de la palabra hablada en lugar de la escritura….

 En la música vallenata, por ejemplo, se pueden escuchar bellas composiciones en donde el juglar cuenta de sus experiencias, las vividas y las imaginadas, como hicieron reconocidos personajes… se cuenta que iban de pueblo en pueblo, contando historias al calor de la palabra y la música.  En nuestra tierra, surgieron voces que mantuvieron viva esa tradición oral. Uno de ellos, entre otros, fue el gran Leandro Diaz, quien supo leer con los oídos y en su canción “El Verano”, por ejemplo, pintó paisajes que nunca vió, pero que convirtió en música para ser escuchada y recordada.

            Considero que el papel de la entonación, el ritmo y la interpretación en la comprensión de un contenido cualquiera, es clave para enganchar con el tema, más fácilmente.  La voz es como un puente emocional: más cercana, más humana.

            No sé si por fortuna o desgracia, hoy, estamos escuchando más que leyendo. Aunque la tecnología juega a favor de lo primero, con la accesibilidad a los audiolibros, podcasts, tiktoks, etc.… considero que la lectura sigue siendo una actividad predominante y en muchos casos superior, porque permite mayor velocidad y mejor comprensión de la información del que lee… lo digo por mi experiencia.

            Los expertos consideran que la escucha y la lectura son complementarias. La escucha quizás es más valorada porque desarrolla la empatía y la colaboración inmediata, la lectura sigue siendo definitiva para desarrollar la imaginación y mantenerse informado. Según esos expertos, “la lectura en silencio, es más productiva para el aprendizaje rápido mientras que la escucha activa lo es para la comprensión profunda…”  Cada quien escogerá lo que mas le agrade… aunque por la premura en la que actualmente vivimos, todo tiene que ser rápido y muchos se inclinan por lo digital.                 

            En mi experiencia, leer ejemplares en papel, despierta muchas sensaciones cognitivas: nos conduce a entrar a un mundo interior rico y diverso; a sentir la experiencia de otros personajes; comprender sentimientos y ver el mundo desde diferentes puntos de vista.  Un beneficio grande que se obtiene al leer, creo yo, es la concentración y la memoria, que, ciertamente también se estimulan con los libros digitales, no podría asegurar que uno es mejor que otro, pero….

            Leer el papel impreso, proporciona menor fatiga visual, (especialmente con dispositivos de tinta electrónica), ofrece mejor comprensión y retención de la información, y representa una experiencia más sensorial…. El tacto de las páginas, el olor y la sensación física, crean una experiencia más personal y pueden ayudar a la desconexión del mundo digital, que a veces nos ahoga en el día a día.

Los libros digitales, para muchos, son más fáciles de cargar en el celular, iPad, Kindle, etc.…Como reza el dicho, en gustos y colores no discuten los doctores, Importa es Leer… cada formato tiene sus ventajas … las preferencias personales, la situación y la disponibilidad de recursos es lo que va a definir que escoger… Lo esencial es que no perdamos el hábito de dejarnos llevar por las palabras, ya sea que nos entren por los ojos o por los oídos.



jueves, 7 de agosto de 2025

El Arte sutil de convivir con quien no te necesita (pero te elige) ….


                                                NUBECITA....

Por Elsie Betancourt

Toda mi vida he sido amante de animales; he tenido toda clase de perros- bastos o chandosos- que según mi experiencia tienen la nobleza y la fidelidad en su ADN, (no digo que los de “raza” no la tengan), pescaditos, loros, …. Es lo que he vivido. Amé a mis perros porque fueron un ejemplo de amor puro, respeto e incondicionalidad: Lasky, Bravonel, Sultán, Coquito, Pochi, (foxterrier miniatura) - Ruffo, Yiya, (schnauzers) Nicanor (bulldog inglés) y otros más cuyos nombres se me escapan…. Todos ellos, me dieron mucho amor y representaron para mí, unos componentes emocionales importantes.

            Mi experiencia con gatos no es muy amplia; ha sido reciente y casi accidental. Fue durante la pandemia, cuando uno de los 2 que tengo ahora, me eligió sin que yo estuviera buscando compañía.  Tras la pérdida de mi último perro, Nicanor - quien vivió 14 años a mi lado - decidí no volver a tener mascotas, por lo duro que resulta, cuando mueren.

Pero este gato en especial, Nina me encontró cuando él estaba sólo y desvalido…. en una cancha de tenis …. Me siguió hasta cuando terminé de jugar y no fui capaz de dejarlo abandonado, pese a no querer comprometerme más con animales. Tiene nombre femenino porque pensaba que era una hembra, idea que me disipó el veterinario al 3er mes de vacunas. Al cabo de 1 año pensando en él, decidí buscarle una compañía y que fuese hembra: Nubecita. Esa si, todo lo contrario, al macho, no me pierde pie ni pisada; amorosísima, conmigo, parece un perro.

                                                                        NINA.....

 Vivir con gatos es diferente; su presencia es menos bulliciosa, mas discreta y distante. Da la impresión de que nada les importa. Tienen una forma muy particular de ser; Siempre he oído hablar sobre la independencia que éstos tienen como si fuera algo negativo; pero sólo si conocemos su naturaleza, quizá podamos comprenderlos.

            Los antepasados de los gatos, eran animales solitarios, territoriales y cazadores, tal como son los domésticos; Eran salvajes, pero se han ido adaptando en el tiempo, sin perder su esencia. Aunque hoy conviven con nosotros, siguen siendo eso.  No han sido “domesticados” como los perros. Mas bien nos toleran, nos permiten entrar a su mundo… si los respetamos.

Pienso que el tener un gato, es un acuerdo silencioso de igual a igual. Sus gestos, su forma de habitar el espacio nos afectan – y ellos también se ven influenciados por nosotros-. Son territoriales y en mi experiencia cuando algún extraño llega a mi casa, Nina se pone alerta y nos cuida tanto a mi esposo como a mí, con un instinto protector que sorprende; hasta tal punto, que tiende a agredir al que no conoce…

            Los rituales felinos, son únicos. Comprenden: hábitos, horarios secretos, juegos, manías especiales, formas especiales de acicalarse. Me da risa que, con un simple cordón de zapatos, se pueden entretener por largo rato y ni que decir si aparece una lagartija pequeña, para ellos constituye una presa a eliminar. Es su naturaleza viva y antigua.

            Algo que me llama la atención es la convivencia de los 2 gatos; al estar esterilizados ambos, no es que jueguen mucho entre sí, por lo contrario, más bien el macho tiende a morder a la hembra… puede que el sienta que ella se está metiendo en su hábitat….

            Suelo leer que tener un gato en casa puede traer varios beneficios espirituales, incluyendo la reducción del estrés y la promoción de un ambiente de calma. Se cree que éstos pueden absorber energías negativas y limpiar el ambiente de vibraciones desfavorables, actuando como guardianes espirituales; además, su ronroneo se asocia con propiedades curativas y su compañía puede mejorar el estado de animo y reducir la soledad. Estoy totalmente de acuerdo…. ¿Cuando llego a mi apto. la paz es una condición que prevalece, no se si debido a los gatos…? ¿Qué opinan amigos lectores? ¿Qué mascotas tienen, han sentido esa energía especial?

            Podría concluir que mientras el perro te sigue adonde vas, el gato te espera y ni se inmuta con tu presencia … claro, debo reconocer que mi gata hembra no sigue ese patrón, ella siempre quiere estar al lado mío o encima de mi…. Sin que yo lo solicite porque si intento agarrarla se escurre. La presencia discreta y sutil de éstos, puede mejorar nuestro bienestar; necesitaremos tiempo, dedicación compromiso y dinero, para lograrlo… pero al final del día, se convierten en sanadores, maestros y compañeros como cualquier otro ser que amemos.

Contacto.ideasperegrinas@gmail.com



viernes, 27 de junio de 2025

Incomodidad Voluntaria…


Por Elsie Betancourt

            La incomodidad es un término que se refiere a la sensación de malestar o falta de comodidad física o emocional que puede resultar de situaciones y experiencias. Quizás puede ser una señal de que algo necesita cambiar o de que estamos saliendo de nuestra zona de confort.

            Cuando decimos “no” a lo que se desea, no por represión, ni por castigo, sino como un acto de elección consciente, estamos fortaleciendo nuestro “carácter”. Recientemente ofrecí un almuerzo a mi hijo y a su familia …. Me llamó la atención cuando llegamos al momento del postre …. Él, fue el único que no lo probó … me dijo: “no estoy comiendo dulce” …. Wao … pensé, a veces 1 cucharada de azúcar, puede costar mas que 1000 palabras.

            Muchos son los ejemplos que a diario encontramos, que como una gótica en una piedra, nos van formando el carácter: Levantarse temprano cuando el cuerpo pide 5 minutos más; ir al gimnasio a pesar de que en la mente surge la idea de “voy mañana, o más tarde”; dejar el celular a un lado, aunque la notificación suene; decidir quedarse en silencio en medio de una discusión…. Todas esas acciones tienen algo en común: incomodan.

            Muchos son los desafíos que a diario tenemos que enfrentar. Recordemos que, en los deseos de fin de año, muchos son los propósitos que escribimos para el nuevo año … si hacemos el balance nos damos cuenta que a veces, éstos se van desdibujando ya sea por falta de determinación, flojera, resistencia a la incomodidad, etc.

            Estamos viviendo en una cultura que idolatra el confort. Almohadas ergonómicas, Apps que nos llevan la comida a la puerta, entretenimiento instantáneo, (prohibido el aburrimiento). Casi todo, está diseñado para que no sintamos el más mínimo roce. No se trata de volverse mártir ni vivir a dieta emocional. Se trata de cultivar el músculo de la Voluntad. No ser esclavo del deseo ni la inercia. Hay que ser libre de actuar así cueste; libre de resistir, aunque seamos tentados; libre de esperar, aunque moleste. Puede sonar a una libertad rara, pero en mi experiencia, muy satisfactoria.

            Estaba haciendo el ejercicio de pequeños actos de incomodidad voluntaria que fortalecen el alma:

  •  A nadie le gusta bañarse con agua fría, siempre está el calentador para salir a defendernos del frio… pero, exponerse de vez en cuando al agua fría, puede fortalecer la mente y el cuerpo
  • La desconexión digital nos puede aumentar la concentración y la creatividad; ni que decir el efecto que puede tener en nuestros niños: más juegos, más destreza motora gruesa, más aire libre…
  •  La actividad física, (cada quien, de acuerdo a sus condiciones), nos ayuda a ejercitar el cuerpo, mejorando la tolerancia al esfuerzo y la gestión del estrés

·                    Desafiar la mente con nuevas habilidades, puede aumentar la resiliencia y la capacidad de adaptación. Por ejemplo, aprender a tocar la guitarra y si ya la sabes, actualizar esa habilidad…. Aprender un idioma, montar bicicleta, etc.… Nos puede sacar del aburrimiento.Se trata de encontrar la propia forma de incomodidad voluntaria que nos desafíe y nos haga crecer sin poner en riesgo la salud o nuestro bienestar. ¿Qué opinas querido lector? ¿Cuáles estrategias tienes para fortalecer la valentía incómoda?

              La incomodidad voluntaria nos recuerda que somos mas que impulsos. Que también somos decisión y que elegir lo difícil, a veces, es el mayor acto de amor propio.

nerea6@yahoo.com

     

 

lunes, 16 de junio de 2025

El Arte sutil de quejarse (y no quedar atorado) ...

 

Por Elsie Betancourt

            Todos cargamos con dolores (físicos, emocionales y existenciales) … ¿quién no? El tema es cómo los lidiamos. Desde muy niña, un familiar muy allegado a mí, era experto en quejarse hasta cuando se le movía un pelo … a pesar de ser una persona joven, frecuentemente el rosario de quejas por dolores era constante e iba “increscendo” … era una situación que rayaba en qué hacer para ayudar; me sentía impotente, no sabía que decir ni que hacer… eso me marcó.

            Todos nos quejamos en algún momento. Algunas veces, nos quejamos más de la cuenta. Probablemente todos necesitemos una válvula de escape en alguna situación. La queja es una forma de desahogarse, de expresar una emoción, de liberar tensiones. Pero cuando se vuelve una forma de relación, hay que analizar de dónde viene esa queja, que efectos tiene en la persona que la hace y que efectos tiene sobre nosotros.

            Suelo preguntarme ¿por qué nos quejamos tanto? … los expertos coinciden en decir que cuando nos comunicamos por medio de la queja, existe el riesgo del contagio emocional y se corre el riesgo de experimentar o vivir la misma insatisfacción que experimenta el otro. En mi interior, al menos intento exhibir “un escudo” que mantiene a raya la quejadera y más bien trato de ser una persona asertiva, presta a resolver mis fallas físicas o emocionales cuando se presentan, con “especialistas”.

            No sé, si cuando somos ya mayores, el peligro de quedarse atrapado en el ciclo dolor – queja- lamento – resignación, acecha.  De mi esposo, aprendí que cero quejas, es lo mejor que puede hacer uno, especialmente cuando no se puede controlar lo que ocurre por fuera, el modo de ser de otras personas, etc.…. Cómo reaccionas ante esas situaciones, es lo que marca la diferencia. Sabio consejo ….


            En una ocasión, en reunión con unas amigas, uno de ellos empezó a hablar sobre sus dolencias en la rodilla, el resto terminó hasta quejándose del alma. Tengo una amiga que siempre que inicia cualquier conversación lo hace con una queja. Sólo con preguntarle ¿Cómo estás? Suscita en ella un sinfín de lamentos sobre cualquier tema, desde los hijos, esposo y su salud. Estar cerca de ella abruma. La conversación siempre empieza inocente, pero si nos descuidamos, podríamos hacer un recorrido nacional de dolores ajenos, la rodilla, la gastritis, la soledad, el insomnio… y sigue la lista.

 ¿Sin embargo, me pregunto si la queja puede unir? (¿nos une lo que nos molesta?) … será que estamos conjugando el verbo quejarse: yo me quejo, tu te quejas, el, ella se queja …. Etc.… para formar un pequeño club de lamentos??? Ojalá que no. Desde mi experiencia, valdría la pena explorar cambios, pedir ayuda sin dramatismo; a veces pienso que nos quejamos no porque nos duela tanto, sino porque no sabemos cómo pedir que alguien nos escuche sin juicio; ¿por qué cuesta tanto ver, lo que, SI FUNCIONA, lo que aún está bien? Todas esas preguntas tendrán distintas respuestas… dependiendo de cada uno.

 ¿Amigo, has logrado de alguna manera controlar la tendencia a la queja? Tremendo logro¡¡ te invito a compartirlo.  La queja, que no lleva a ninguna acción, se convierte en hábito y el hábito en actitud … una muy cansona, por cierto. Por lo pronto, seguiré escribiendo sin quejarme… ¿será que hay que quejarse con estilo para no aburrir? Gracias por leer mis ocurrencias…

nerea6@yahoo.com

 

           

 

 

 

 

sábado, 7 de junio de 2025

El desgaste del tiempo



Por Elsie Betancourt

En días pasados, estuve viendo un programa en el que despedían a Rafael Nadal por su larga y exitosa trayectoria en el tenis …. Mostraban sus inicios desde niño hasta hace algunos años cuando el despliegue de vitalidad y juventud era su sello; su destreza física se exaltaba en cada torneo…. El contraste que me produjo verlo a él en el centro de la cancha de tenis en Roland Garros, medio calvo, con manchas en la cara, delgado y llorando cuando se despedía, fue grande; agradecía a todos los que de alguna manera habían contribuido a que su proceso fuera exitoso … verlo hoy, en esa misma cancha en la que alzó tantos trofeos, vulnerable y visiblemente cambiado, me hizo pensar en el paso del tiempo y cómo la juventud, esa chispa que parece eterna, termina por irse casi sin aviso. (el tiene sólo 39 años, joven todavía)


Definitivamente, el tiempo corre detrás de nuestra juventud…  y cuando nos alcanza, nos hace mirar atrás y preguntarnos en qué momento nos alcanzó. Claramente, ésta (la juventud) va quedando relegada a un segundo plano, porque la gravedad se toma todo lo que uno se encargó -- o no --, de mantener en su lugar, así fuera con o sin el ejercicio, con la pereza, comiendo bien o regular, siendo adicto a los excesos de comida, bebidas, etc.… ni las cremas ni las pomadas pueden borrar las marcas de tantas risas, penas, abusos, trasnochos y enojos de nuestro semblante. Llegará el momento en que nos cansaremos de hundir el estómago, sacar pecho y la cola. Ahí querremos echar para atrás el tiempo.

Pero si hay algo que se rescata del proceso vivido, es lo maravilloso que tienen las distintas etapas de la vida, así no las valoremos en su momento: el aprendizaje, los retos, las enseñanzas, la $$$ que se pudo lograr con lo que hicimos. Yo al menos, seguiré tomando vitaminas, colágeno, limón, vinagre de manzana y haciendo ejercicio; comiendo menos para llenarme no de hambre... sino de ganas de seguir bien en el camino haciendo lo que me gusta.

                                               El Camino de la Vida ....                               

                                            

 El bienestar prolongado, que llamo yo la “búsqueda de la juventud”, es un tema complejo que muchos lo asocian con un mayor vigor físico, una mayor capacidad funcional y un menor riesgo de enfermedades. Como consecuencia, muchos sienten el deseo de retrasar o minimizar cambios que puedan afectar las relaciones en el trabajo y en los espacios de interacción social.

Hay que preguntarse ¿queremos vivir más o vivir mejor? No se si algunos habrán leído el libro de Oscar Wilde: El retrato de Dorian Grey; aquí Dorian es un joven aristócrata de la Inglaterra del siglo 19, que desea conservar su juventud y belleza. Tiene la oportunidad de lograrlo cuando un amigo pintor le hace un retrato misterioso y cautivador, en donde el que envejecería sería el retrato y el (Dorian seguiría siendo el mismo); pero paga el precio al presenciar su propia decadencia moral en la imagen pintada. ¿A cambio de que, buscamos una imagen perfecta? Amigo lector, que opinas?


Tal vez no exista un elixir de la juventud que se beba. Pero si uno que se vive: en la forma en que aceptamos el paso del tiempo, honramos cada arruga con o sin bótox, y seguir bailando, aunque sea más lento, al ritmo de la vida.  ¿Será que en realidad el secreto no es vivir joven, sino envejecer sin miedo?

nerea6@yahoo.com

 

 

 

domingo, 25 de mayo de 2025

El Costo de Querer Ser Todo

 

Por Elsie Betancourt

Cuando trataba de darle forma a esta reflexión, me preguntaba: ¿por qué sentimos esa necesidad de estar en todo, “ser eficientes”, “aprovechar el día”, “no perder el tiempo”? ¿Vale la pena arrastrar con esa pila de dolencias —fatiga crónica, ansiedad, insomnio— solo por cumplir con todo? ¿Por optimizar el rendimiento e ignorar al cuerpo cuando protesta?

A mí me pasa con frecuencia. Por convicción, no abandono el ejercicio: lo considero una herramienta esencial para, a medida que envejecemos, mejorar la salud física y mental, reducir el riesgo de enfermedades crónicas y preservar la independencia, la movilidad y, sobre todo, el buen ánimo.

Trato de ser coherente y empiezo el día haciendo ejercicio, ya sea jugando tenis o en el gimnasio, porque trabajo desde temprano. Confieso que a veces siento flojera para levantarme, pero mi determinación —y el llanto de mis gatos queriendo comer— me empujan fuera de la cama. En otras ocasiones, cuando me despierto realmente cansada, decido hacer un pare. Descanso. Porque me lo merezco. Como un acto de resistencia consciente, le doy al cuerpo lo que necesita antes de que se apague. Porque estar todo el día cansado tampoco contribuye a la productividad mental.


En las distintas franjas de edad, hay diversas realidades. Los más pequeños, por ejemplo, deberían tener más tiempo para aburrirse, sin tantos horarios ni estructuras. Pero como deben ir al trote de sus padres, muchas veces se les llena el tiempo con cosas para suplir la ausencia (la de los padres). Todos sabemos que el juego es fundamental para su desarrollo integral, no sólo como diversión, sino como herramienta para el aprendizaje, la creatividad, el bienestar emocional y la capacidad de resolver problemas. No soy psicóloga, pero sí madre de hijos bien formados. 

 

Siguiendo con estas tendencias, muchos padres jóvenes se levantan a las 5 a. m., hacen ejercicio, llevan a los hijos al colegio, trabajan 9 horas, tienen proyectos personales, redes sociales, salen con amigos... ¿Quién paga el precio de todo eso? Lo paga el cuerpo, que se convierte en el último en ser escuchado. Y el agotamiento se vuelve la norma.

Los que ya somos mayores enfrentamos otros desafíos: enfermedades de familiares, pérdidas de seres queridos, preocupaciones distintas. En ese contexto, el ejercicio, el trabajo, las actividades y la socialización pueden ser una válvula de escape para evitar el deterioro emocional. Pienso que la mente no hay que dejarla languidecer. Al contrario: si nos despertamos a las 5 —o antes—, también debemos dejar dormir el alma. Porque no solo el cuerpo necesita descanso, también lo necesita el espíritu.

Cuando hablo de actividad física, sobre todo para los mayores, no me refiero a rutinas extenuantes. Una cantidad moderada puede traducirse en grandes beneficios: caminatas, subir escaleras, moverse un poco cada día. Siempre, por supuesto, con el visto bueno de un médico.

No se trata de hacer menos, sino de hacer espacio para escucharnos. Porque, si no lo hacemos, el cuerpo hablará. Y no siempre en voz baja.

No seamos productivos, exitosos… y cansados. Seamos productivos, exitosos y conscientemente descansados

Nerea6@yahoo.com