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viernes, 26 de marzo de 2021

Otros Miedos ...

                                                                         

Por Elsie Betancourt

                        Antes de que llegara la pandemia,  otros eran los miedos: la reelección de Donald Trump en el país más poderoso del mundo; la pretensión reeleccionista de Putin, que está bien atornillado en el poder; las reacciones masivas contra la violencia de género, la xenofobia, el desangre de muchos pueblos en Asia, acontecimientos que muestran que unos pocos explotan a los más débiles como pasa en nuestro país… Hemos aterrizado en el uso de esa especie de “burka islámica”, que tanto se cuestionaba y que provocaba miedo y ahora es lo que mental y físicamente nos mantiene a salvo.

            Estos nuevos tiempos nos traen otros desasosiegos;  nos están mostrando cómo se han roto las rutinas y las formas de hacer las cosas. No puedo generalizar que a todos nos ha afectado,  porque hay un gran % de personas que no cree realmente en lo que está pasando y les importa poco las medidas que rigen para aguantar el “monstruo” ;  para ellos no pasa nada y siguen como si nada.  Sin embargo, hay que echarle cabeza a los nuevos valores y objetivos que están surgiendo, porque El Covid nos ha sacudido fuertemente y muchas de las “certezas” en materia económica, social y política están tan firmes como el flan… el confinamiento para frenar la propagación del virus es a lo que los dirigentes de cada circulo social, echan mano para pararlo. Nuestra vida se puede asociar a un gran juego Lego; las fichas que la conformaban se desarmaron y ahora poco a poco tenemos que estar re-armando una nueva estructura, nuevos intereses, nuevos sueños.                                                                                                        


            La ciencia no ha logrado informar con certeza, cual es el origen de ese mal que nos tiene a todos sitiados… el impacto real sobre la salud, las formas de contagio o las curas posibles… estamos esperando… Este evento, uno de los mas dramáticos que ha vivido la humanidad en este siglo XX1 por su intensidad y magnitud le llueven explicaciones pero a la larga, “nadie sabe nada”.  El que estaba con alguna deficiencia física le afloró y quizás se exacerbó en este confinamiento… cualquier matrimonio que se encontraba tambaleando cayó… cualquier negocio que estaba en vaina, fracasó…. las relaciones familiares disfuncionales, han explotado haciéndolas mas visibles;  si el aburrimiento, el ocio  y la pereza mandaban la parada en la rutina diaria,  con esta pandemia, deben haber mutado a cuadros de depresión, a  engordar (muchas libras de más) y que se yo, a otras “covi-consecuencias”.        

                         “La Maestra Pandemia” ha tenido sus incidencias, positivas y  negativas. Prefiero analizar las positivas, (porque las negativas ya las conocemos y nos han dolido todas sus consecuencias, todas las pérdidas irreparables de seres queridos y sigue castigándonos con la incertidumbre y el cansancio…).  Entre lo positivo que se puede rescatar de la pandemia, es el proceso de depuración externa e interna, que la situación ha traído, no importando la raza, el color, la edad, el sexo, el entorno en que nos movemos.                                                                                                                                                                                                      Valdría la pena revisar en los closets a ver qué nos sobra, para regalar o compartir con los que poco tienen. No sólo en los closets, sino en la vida, qué cosas nos sobran y acercarnos más a lo que es importante, a lo que otros necesitan y ayudar. El minimalismo está decorando muchos aspectos de nuestra nueva realidad.

            Podría decir que este nuevo estado de vida,  ha sido un “acelerador de sueños”. Muchos han hecho aterrizar sueños que nunca imaginaron. En la educación por ejemplo, hemos tenido que reconsiderar cuáles deben ser los aprendizajes esenciales y cómo se deben evaluar. Lo digo yo desde mi práctica de docente en música, en donde las soluciones creativas innovadoras y flexibles se han enseñoreado. Las competencias digitales, las socio-emocionales otrora poco imaginables en la nueva instrucción, poseen la llave para abrir otros niveles de “absorción de conocimientos”. Los hobbies del cerebro, los que considero son las actividades en las que pensamos todo el día, son las que hay que sacar a flote para hacerlas realidad. Los emprendedores creo han tenido su oportunidad de desarrollarlas y concretarlas. Bien por esa ola.


            Casi nadie habla de lo que hemos perdido, de lo que hemos concedido, sólo de lo que podemos perder: la vida. Quizás en un mediano plazo, seremos menos libres, tendremos menos oportunidad de ejercitar nuestro albedrío, cargaremos más miedos y evitaremos que nuestros semejantes nos den besos y abrazos. No creo que exista el camino fácil, que conduzca de la pandemia a un mundo mejor, más ecologista y menos desigual. Aun así, creo que hay más oportunidades de cambio para que esta crisis tenga sentido. Tenemos que trabajar para que el nuevo horizonte que se vislumbra,  despeje esos miedos que tanto nos están marcando. Ojalá el amor sea la próxima pandemia…

nerea6@yahoo.com

lunes, 8 de marzo de 2021

¿Elogio a lo Desechable?

Por Elsie Betancourt

Estimados amigos/as, con placer los saludo hoy, deseando que todos se encuentren bien. Agradezco el tiempo y el espacio en sus agendas para leer mi blog Ideas Peregrinas… 


    

            La otra vez caminando por el malecón del rio vi a una pareja de ancianos, agarrados de la mano con sus respectivos tapabocas. Pensé al verlos, que la ternura y el afecto que transmitían debió ser producto de los muchos años juntos y el compromiso y la perseverancia que debió marcar su relación. Esa escena, me lleva a pensar en el contraste que hay con algunas de las actitudes de nuestra “actualidad”.

            En muchas sociedades del mundo, parece que todo es desechable. Apenas algo empieza a dañarse o gastarse, (con cero mantenimiento) se regala o se bota; cuando nos cansamos de algo,  lo desechamos o actualizamos con algo más nuevo o más brillante. Lo hacemos con los teléfonos celulares, la ropa, los autos y lamentablemente hasta con las relaciones. Aunque puede ser bueno deshacernos de las cosas materiales que ya no necesitamos; cuando se trata de algo de gran importancia – el matrimonio, la familia, los valores – la mentalidad de remplazar lo original en pos de lo moderno, puede traer un profundo remordimiento o de pronto no, todo depende.

            Indudablemente que los beneficios que recibimos de algunos productos desechables son evidentes; son cómodos, prácticos, rápidos es decir le simplifican la vida a cualquiera en cualquier momento. También es cierto que este consumo es debido a la moda o en ocasiones a las necesidades inmediatas (mas no las básicas)… será que necesitamos cambiar de celular con tanta regularidad? Podríamos habituarnos al empleo de envases reutilizables la mayor parte del tiempo?  Ojalá el chip nos cambie.

            El ámbito al que se expande el modernismo en donde lo light reina  incluye las comidas sin calorías, sin grasas, cervezas sin alcohol, azúcar sin glucosa, tabaco sin nicotina, coca cola sin azúcar, mantequilla sin grasa y de repente personas sin sustancia, sin contenido, entregadas al dinero, al poder (al precio que sea), al éxito y al gozo ilimitado sin restricciones. Es posible que esas personas “light” tengan un gran vacío moral y no sean felices a pesar de tenerlo “todo”…

            Creo que el bombardeo mediático al que somos invitados a diario, lo podríamos evitar si nos mantenemos firmes en los principios en los que hemos sido educados años atrás para así atrevernos a desafiar esa cultura light que nos es presentada de manera tan atractiva. Me llama la atención el concepto que pulula en el mercado laboral y en muchos escenarios y es el de desalojar a las personas maduras,  (los de 60 para arriba y si son mujeres, más rápido que ya) reconocidas por su experiencia y sabiduría, quienes muchas veces ostentan puestos jerárquicos en cualquier empresa y son candidatos/as “algunas veces” a ser remplazados por personas “más jóvenes” dizque porque los primeros están obsoletos y viejos… aquí cabria recordar que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

            Que la población envejezca significa que se viven más años, en el mejor de los casos, hay más experiencia y es lo que estamos viendo hoy. La reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida de las personas (que está ascendiendo), impactan directamente la composición de las edades de la población mundial… con este panorama, la población de los adultos mayores sube como la espuma.

            De todo este estado de cosas, afortunadamente está aflorando un sentimiento a aferrarnos a lo real, a algo que nos diga que todo está bien, que no vamos a echar a perder nuestra auto-estima, nuestra familia. Existe en muchos una gran esperanza, de regresar a la espiritualidad, una búsqueda por lo verdadero y no desechable; el futuro de este planeta que es finito,  no lo puede ser (desechable)…. Hoy por hoy la consciencia hacia un entorno sostenible, restaurado y saludable,  está creciendo. Creo que valdría la pena expandir nuestra mente y reflexionar sobre trabajar para el mundo futuro, con acciones concretas que empiecen desde cada uno, desde  la casa: cuidar la salud, ahorrar agua, cuidar los árboles, los animales,  porque hay que pensar en el entorno que deben disfrutar, hijos, sobrinos, nietos y en general todos los seres vivos. No paga seguir acrecentando el elogio a lo desechable y reconocer que no todo lo viejo hay que hacerlo a un lado.

nerea6@yahoo.com

domingo, 14 de febrero de 2021

Cero Excusas

 


Por Elsie Betancourt

            Quiero reflexionar sobre este tema, porque me parece interesante ver como los pretextos que uno se inventa ya sean consciente o inconscientemente muchas veces lo que logran es que las personas se queden estancadas, hasta se auto sabotean y en el peor de los casos pueden configurar un estilo de vida. Me parece que la excusa es un tipo de enfermedad que no nos permite avanzar, nos atrapa y muchas veces se vuelve nuestra compañera de vida.

            La excusa es cuando uno saca razones para despojarse de eventuales culpas, no tener ganas de hacer algo, liberar a alguien de una obligación o responsabilidad, impedir que algo se concrete. Puede ser un pretexto para evitar obligaciones o disculpar alguna omisión. Me viene a la mente,  antes de la pandemia, un pequeño afiche que tenía en mi salón de clase, que decía: “EXCUSE LIMIT= 0”… la premisa que tenía en mi clase era la de que no me gustaban las excusas y mis estudiantes,  jocosamente le recordaban a sus otros compañeros la norma en mi salón, cuando el aguacero de éstas inundaban la clase; ellos eran los encargados de recordar omitirlas cuando no se cumplía alguna tarea… al menos se logró un poco de concientización en asumir cada uno sus responsabilidades.

            Las hay de todos los tamaños y contenidos; por ejemplo, culpamos a los maestros por nuestras calificaciones bajas, al gobierno por nuestra falta de plata, a la sociedad por nuestras actitudes vandálicas; hay casos en los que los estudiantes la tienen a la mano como: es que el internet falló, es que me duele la cabeza, es que se me olvidó, es que no puedo, es que es muy difícil;  y así sigue la “laaarga” lista. La culpa, a veces, es de los otros no de uno. Me llega a la mente una frase que dice “Nunca expliques, Nunca te quejes...” Creo que el uso del pretexto y de la justificación a cualquier error o incompetencia, es un modo de disimular las inseguridades y en cierto modo de proteger el propio ego. Que tal si cambiáramos el “Es que yo no….” por “Reconozco que yo….”? De pronto se podría ver un cambio en nuestras actitudes y dejaríamos atrás el Esqueismo.


            En una ocasión leí un comentario que hacía un escritor francés Stendhal: “Quien se excusa, se acusa…” me parece sabio lo que afirma. Pienso que en cierta forma estas excusas tienden  a salvaguardar el autoestima y no mostrar realidades que uno puede tener como la inseguridad, la inmadurez e incluso el miedo. No sé por qué hay personas que se queman las neuronas inventando pretextos, con lo fácil que es decir: No quiero, No tengo ganas, No me importa… Será una mejor estrategia para erradicar la “excusitis aguda”? Quién sabe, opinen…

            Hoy en día, cuando alguien comenta que no tiene tiempo, en realidad cuesta creerlo, porque todos podemos hacer lo imposible para “sacarle el jugo” al día haciéndolo rendir y ni que decir de las redes sociales (llámese twitter, whassap, facebook…) porque en 1 minuto actualizamos cualquier información.

            Somos expertos en buscar explicaciones para nuestros fallos y así pasar a ser víctimas. Olvidamos que equivocarse es propio de cualquiera y precisamente esas piedras que nos hacen tropezar son las que nos permiten crecer y evolucionar. Con los años he descubierto que el mejor medicamento para atacar este mal consiste en dejar de usarlas (las excusas) y asumir la responsabilidad de cada una de nuestras acciones y de nuestros resultados. Nadie es responsable de nuestra existencia. Todo triunfador y soñador está libre de excusas.

Escucho las opiniones de mis lectores…

nerea6@yahoo.com

viernes, 22 de enero de 2021

¿EN- REDADOS?...


Por: Elsie Betancourt

            Hoy por hoy, los medios de comunicación promueven el consumir noticias rápidas, que se ven con la vista y el oído y que no necesitan mucha reflexión o análisis. Con el reciente bloqueo de las redes sociales de Trump, se han suscitado muchas reflexiones sobre el poder que éstas tienen para bien o para mal.

            Si bien es cierto, vivimos en el tiempo de la información, en la era de la comunicación y la tecnología, en la era del Internet y más… estas herramientas aparte de sumergirnos en el “maravilloso” mundo de lo virtual,  (bastante inexplorado para los que no nacimos con el chip de lo digital), francamente nos están alejando de la verdadera comunicación, aquella que se hace frente a frente, voz a voz razonando con argumentos, ante posturas, ideas, situaciones, etc.

            La idea que se tiene de muchos de los actuales medios digitales, es la de que recopilan la información de sus usuarios y luego la usan para mandarles publicidad y en otros casos determinar la conducta, de los individuos suscritos. Recuerdo que no hace mucho tiempo, el tener o no tener una página web era requisito para estar presentes en cualquier ámbito de la sociedad. Cuando dirigí, hace unos años una Fundación para promover el tenis en niños y jóvenes de estratos económicos poco holgados, recuerdo que para mí fue necesaria la creación de la pagina web de la fundación para así poder dar a conocer los objetivos de ésta, en forma fácil y ganar adeptos para la causa… en su momento fue muy importante y cubrió su objetivo.

            No obstante, creo que el uso de los medios puede ser dual. En cierta forma, las redes virtuales construyen y destruyen. Informan de situaciones injustas, develan actuaciones desajustadas, promueven el fanatismo, el odio, son canales para libre expresión con o sin fanatismos. Los expertos en redes, coinciden en que en muchas oportunidades grupos extremistas se basan en las redes (whatsapp, twitter) para promulgar ideas que pueden atentar contra la población, grupos religiosos, entre otros, por lo que se abre el interrogante sobre si se deben censurar éstas. Si no, recordemos las faenas de Mr.Trump con sus incitaciones… ni que decir cuando se pontifica políticamente bien o mal de este mundo y del que está más allá de la estratosfera. Por medio de ellas (las redes sociales), nos podemos volver más ciudadanos del mundo, al conocer gente de otras partes, pero al mismo tiempo nos alejan más de nuestra propia familia, de nuestro entorno, de la realidad que vivimos muchos… también podemos conocer historias de vida, documentales, informativos locales, he ahí… alguno de sus aspectos positivos.

            Creo que malo es no estar en el medio, pero el estar por estar, tampoco lleva a “ningún Pereira”… cada red social tiene su público… antes creo que hay que saber qué es lo que queremos pescar en ellas, de lo contrario lo más normal es que terminemos “enredados”.


        No estoy en contra de lo que ofrece la virtualidad, sé que es una herramienta muy importante y útil,  sobre todo en esta época; lo que pasa es que cuando se vuelve el objetivo de la vida, la razón de ser, hay que prender las alarmas. Que tal, cuando nos levantamos,  lo primero que hacemos es coger el celular para ver quien escribió, cual es la última en facebook, el último video de tik tok, lo último en instagram, la última conversación en whatsapp, etc.… creo que estamos entrando a la boca de ese lobo que llaman “redes sociales”, sin reparo alguno y la más mínima resistencia. Habrá que pellizcarse en el uso de las mismas, para que aplique: “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre “…

nerea6@yahoo.com




miércoles, 6 de enero de 2021

Neuronas Inteligentes...

 

Por Elsie Betancourt

            En nuestro cerebro existen alrededor de 80 millones de células llamadas neuronas, que son las encargadas de participar en las funciones relacionadas con el sistema nervioso. Diariamente se pierden muchas de éstas pero también se regeneran. Constituyen el software que tenemos  para desarrollar en la vida, ya sea con actividades saludables (ejercicios, comer bien, hacer lo que a uno lo hace feliz, etc.…) y otras no tan saludables como tomar y fumar, en exceso,  darse mala vida, abusar de las drogas.

            La mayoría de nosotros, olvidamos que sobre los hombros tenemos el motor pensante al que hay que estimular para mantenerlo en forma. La rutina diaria, la flojera, el desinterés por la lectura, el pasar horas frente al televisor o en el celular o tirado en la cama, la inactividad física, el no buscar nuevas experiencias, el abuso de la comida, el aislamiento social, la ausencia de hobbies, a la larga tienden a embotar el cerebro. Siempre he escuchado que así como entrenamos el cuerpo físico con ejercicios de toda índole, la mente requiere estar fit y actualizada.

                        Todo este preámbulo me lleva a pensar en lo difícil que a veces resulta educar o educarse. Para muchos padres y para los mismos adultos cuando tratan de perseverar en lograr hacer cumplir con una tarea escolar o una que le competa en el plano personal,  puede que surjan 9 razones para desfallecer pero, siempre tendremos la 10ª: la que es empujada por  la “neurona inteligente” que nos impulsará. Por ejemplo cuando hay que levantarse temprano para hacer ejercicio, aflora el estoy cansado, ayer me acosté tarde, mañana lo hago sin falta, la semana entrante fijo comienzo… y no falta el “alter ego-neuronal” que nos empuja a levantarnos y a insistir para crear el habito y cumplir con nuestro objetivo (si es que ya no se tiene creado éste).

            Literalmente el ego es el “yo”  y el alter ego es el “otro yo”. Del primero somos conscientes y es el que dirige nuestras actuaciones.  El segundo es el que hay que tener fortalecido para que siempre esté presente en decisiones importantes. Necesitamos más de esas neuronas inteligentes que duermen en nuestro inconsciente para llenarnos de una buena onda que permita que podamos realizarnos en lo que más deseamos.

            Una idea que me parece interesante aplicar, a propósito de crear hábitos,  para chicos y grandes,  es la que leí hace poco; consiste en aplicar la regla del minuto o el método japonés Kaizen, que se traduce como sabiduría para cambiar. Sugiere que cualquiera puede dedicar 1 minuto a alguna actividad o tarea que le de pereza, para así convertirse (la tarea) en un hábito; gracias a la perseverancia, puede que resulte.

            Y hablando de hábitos, es bueno recordar que el ser humano puede sobrevivir 3 mins sin aire, 3 días sin agua, 3 semanas sin comida, 3 meses sin compañía. Lo que vivimos en estos últimos 10 meses de este año fue inesperado y todavía resulta desesperante. Esta situación inédita puede detonar la irritabilidad, los cambios de ánimo o de patrones regulares de vida. Me pregunto si debiéramos leer sobre los monjes, quienes saben mucho del exilio, ya que han sobrevivido a plagas, saqueos y confinamiento y son un excelente ejemplo de cómo perseverar en la incertidumbre; saben  vivir más allá del tiempo y también en el presente.


            En los escombros del año 2020, lo único que cambiará es un # en el calendario, que deberemos asumir (2021) con una mirada llena de esperanza. La reconstrucción que tendremos que hacer en todas las instancias de nuestro diario vivir será un reto. Esotéricamente hablando, al parecer y por más absurdo que nos haya parecido lo vivido, esos “expertos” consideran que este evento se debió a una absoluta y necesaria restructuración planetaria para mejorar las condiciones estructurales de la humanidad, que estaban muy fueras de foco. Pienso que “nadie sabe nada…”

            De todas formas, estamos hechos de un material que nos permite levantarnos. Con la ayuda del que está arriba, esperemos que en este año que arranca,  vengan lo que más extrañamos entre otras cosas: abrazos, reencuentros, buenos propósitos, ilusiones, celebraciones, sonrisas, viajes y más abrazos. Nuestra inteligencia neuronal tiene que ayudarnos a plasmar un 2021 diferente. Ojalá, porque pinta ser un año cansado e incierto, ya que no hay la menor idea de cómo será la normalidad en caso de que la vacuna tenga éxito. No sabemos cómo cambiaran nuestras vidas o si volverán a ser como antes.  Hay que confiar más en lo que uno sientemás, que en lo que uno piensa¡¡¡

nerea6@yahoo.com

domingo, 20 de diciembre de 2020

Chao 2020¡¡¡

 

Por Elsie Betancourt

            Sin querer queriendo nos estamos aproximando al final de este año “tenebroso” para la humanidad. Las y los videntes que siempre están adelantándose a los acontecimientos por venir ni se imaginaron lo que éste 2020 encarnaría para el planeta. ¿Será por eso que se asocia el año bisiesto con cosas malas que nos pasan? Hay muchos ejemplos en la historia que coinciden con lo anterior: En 1912 se hundió el Titanic, en 1948 mataron a Ghandi; 20 años mas tarde a Martin Luther King,  en 1980 a John Lennon. Todos estos años fueron bisiestos. Al 29 de Febrero los escoceses lo consideran un día de mucha mala suerte.

            No sé si serán desafortunadas coincidencias, pero es mejor que este año pase lo más rápido posible. Todos estamos atemorizados y cansados en la incertidumbre de no saber que se nos viene.  Paradójicamente, hemos aprendido muchas cosas. Nos hicimos conscientes de algunos valores que teníamos olvidados. Empezamos a pasar más tiempo con los niños, frenamos el ritmo de vida, aprendimos del silencio y de la soledad. El mundo se nos abrió, si no se podía viajar, la tecnología nos permite viajar a lugares insospechados; Se acabó el salón de belleza, las uñas sin pinta-uñas ya respiran mas, lo mismo el pelo. Hasta la piel; ya no necesitamos estar maquillándonos porque con los tapabocas no se necesita éste. Ya puede uno desayunar sin pensar en trancones; la esclavitud del reloj ha pasado a un segundo plano; cómo nos hace falta la socialización a la que estábamos acostumbrados, ahora si valoramos más los momentos especiales, con hijos, amigos especiales y familia, por supuesto que a metro de distancia. El valor de las cosas materiales se ha devaluado. De qué sirve tener los zapatos, carteras, pintas de marca, cuando es mejor “no salir?”...

            Es muy cierto que no hay pruebas que indiquen que todos estos sucesos que hemos vivido, sean atribuibles al año por ser bisiesto; pueden contraponerse otros hechos positivos, pero la cuenta de los sucesos negativos acaecidos en ese año especial, inclina un poco la balanza hacia lo siniestro. Dejando a un lado los agüeros, me pregunto cómo vendrá el 2021?

            Creo que ya todos estamos aprendiendo lecciones en carne propia y en la de familiares y amigos con lo que hemos vivido en este año. Ojalá no se repitan las malas experiencias el año entrante.  La vacuna parece ser el remedio infalible a todo este rollo. 40 millones de ellas¡¡.. esperemos que no se tuerza el camino de ellas. Ojalá Diciembre no sea la nueva plataforma de despegue del virus. Ese bendito virus, se mueve, se expande, se propaga hasta que explota. Cae el blanco, el negro, el pobre, el rico, el bello, el maluco… nadie se salva, hasta ahora sólo el que goza de un cuerpo sano e inmunizado lo logra.

             El mundo definitivamente ya no será el mismo, pero hemos visto que no importa, siempre nos podremos reinventar. La ansiedad del futuro, la incomodidad al perder las rutinas y actividades de esparcimiento y la incertidumbre económica que significa el virus, taladran diariamente las expectativas de lo que esperamos tener al estrenar un nuevo año. Este 2020 ha sido un año para olvidar: Adiós al miedo, hola al Futuro.

            Sólo me resta desear un 2021 lleno de bendiciones y salud a mis lectores, que nos cuidemos con todas las precauciones posibles para evitar que sigamos amargados, en peligro y “acuartelados”. Quiero seguir compartiéndoles mis ideas peregrinas y me siento muy agradecida cuando las leen.

nerea6@yahoo.com

 

 

martes, 8 de diciembre de 2020

El Mejor legado¡

 

Por: Elsie Betancourt

                Mi niñez estuvo llena de muchos estereotipos (o sean modelos o patrones de conducta de cómo actuar, pensar y sentir). Crecí viendo por ejemplo, castigos con algunos llamados de atención, apertura de ojos (cuyas miradas hablaban más que 1000 palabras), entonaciones fuertes y hasta chancletazos;   los profesores estaban autorizados para imponer la disciplina y la falta de atención en el colegio, con reglas largas de madera, para estimular a punta de reglazos, que aprendiéramos, estudiáramos e hiciéramos tareas, si o si. En la casa, cada quien tenía que responder por sus funciones, ya fuese estudiar, hacer los deberes, ayudar a recoger el desorden que armábamos. Jugábamos en combo, con mis hermanos y amigos en la calle, nos bañábamos en el agua lluvia, tomábamos agua caliente (por el sol)  de las plumas que habían en cualquier patio delantero de las casas; callejeábamos, montábamos bicicleta y hacíamos muchos planes chéveres. Claro está, todo eso se podía hacer antes, sin mayor preocupación o supervision por parte de los papas ya que habían otras condiciones de seguridad; a veces sin que ellos dieran el permiso, nos escapábamos, pero nada serio pasaba al regresar a casa, sólo el consabido llamado de atención verbal.  La autoridad de los padres era acatada y respetada y no se discutían sus decisiones. No sé si fue el mejor método de enseñanza que tuve, pero ese fue al que tuve acceso.

                Me considero que estoy sana y equilibrada con proyectos de vida varios que he sacado adelante con mucho tesón y éxito en algunos. Nunca me traumaticé y siempre tuve muy claros los códigos y valores que recibí siendo niña. Considero que el maltrato físico  no es el mejor método para formar, ni defiendo las “perrateadas” en el buen sentido de la palabra a las que se exponía uno cuando las cosas no marchaban bien, entre los amigos o en la misma casa. Ciertamente el “autoestima” salía afectada, pero la “resiliencia” que todo ser humano tiene desarrollada o no, permitía crecer fuerte y con coraza para defenderse de lo que se viniera. Hoy seguramente el proceso de crecer ante tantas distracciones, entretenciones y la facilidad de tener todo a un “clic” puede ser mejor o peor, no sé.

                Me llama la atención el análisis que la filosofa española Montserrat Nebrera hace,  al considerar en un estudio realizado por ella,  que los hijos de la Generación X (nacidos a finales de los 60 y los 80), que están alcanzando los 18 años de edad- un gran número de ellos, conforman la “Generación Cristal” . Al parecer, muchos carecen de patrones definidos  que orienten su vida y son frágiles ante los embates que la vida produce. Esa característica “cristal” se refiere a la fragilidad o manera en que quedan rotos por dentro si algo no les sale como ellos deseaban. El análisis concluye que estos jóvenes son así de inestables porque sus padres quizás vivieron épocas de carencias materiales y emocionales y se empeñaron en salir adelante para darles todo y que no les faltase nada, como a ellos en su momento.

                Ese análisis me ha puesto a pensar y creo que conecta de alguna manera con la realidad que muchos vivimos actualmente.  En los  métodos de crianza que existen en este siglo XXI, (aclaro no en todos), hay un elemento que engloba las herramientas usadas para educar y es la Sobreprotección, que sumada a la ausencia de reglas, sanciones y atiborramiento de juguetes de todo tipo, tiene su efecto. ¿Nocivo o beneficioso?  Cada quien sabrá y lo sopesará.

                Creo que aprender a vivir libre y responsablemente implica asumir las consecuencias de nuestras acciones y decisiones. Un padre o madre que prive a sus hijos de esta posibilidad, claramente tendrá que cargar con tener hijos que no sepan solucionar conflictos en su día a día, y ser autónomos. Se corre el riesgo de que siempre estén aburridos y no saben  cómo estar ellos, consigo mismos. Cuando se cumplen reglas en cualquier escenario, ya sea la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, tienen que obtenerse resultados acordes con esas reglas. Creo que aquí la flexibilidad juega un papel importante junto con la creatividad. Son características que pueden y deben existir, porque no se trata de actuar como producto de un molde: Todos iguales.  En la variedad está el placer, reza el refrán popular;  para ser y hacer con la carga genética que todos traemos hay que ser originales.

                Para terminar, lo ilegal, lo no ético, lo malo, no se debe festejar en los niños. Si se hace, tarde o temprano las consecuencias saltarán. Como dice el proverbio callejero, los niños no nacen malos, se hacen con el ejemplo que ven. Pienso que hay que recuperar la responsabilidad, la autoridad y la disciplina en la crianza. Si todas éstas se ponen en práctica, felicitaciones ¡ porque estamos formando buenos seres humanos y ese gran legado (el de la educación responsable), es un regalo que  no tiene precio y es irremplazable.

nerea6@yahoo.com