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sábado, 21 de septiembre de 2019

¿Mujer, mito o realidad?


Por Elsie Betancourt

            La mujer a través de la historia reciente, ha tenido un papel que se asociaba con ser reinas, santas y madres. Con el correr del tiempo la naturaleza femenina y las relaciones entre hombres y mujeres tanto en el pasado como en el presente han delineado un “nicho”. Hemos podido observar cómo se educa de manera distinta a hombres y mujeres. Se asignan roles  dependiendo del sexo que tenemos al nacer; por ejemplo, las niñas con cocinitas, los niños con camiones, juguetes no tan inocentes que indirectamente van enseñando el “lugar” en el cual la sociedad pretende que los individuos se desarrollen a lo largo de la vida.

            Acompañado de los roles de género vienen mandatos, dichos populares, chistes, cuentos, películas que generan estereotipos los cuales producen mitos y creencias que sostienen la superioridad del hombre sobre la mujer. Entre estos mitos,  está el de Adán y Eva. No sabemos a ciencia cierta si existieron, pero éste, (el mito) se contó de generación en generación justificando y avalando la opresión del hombre hacia la mujer por el error cometido por Eva, cuando convenció a Adán de comerse la manzana, que era el fruto prohibido. Sentenciada desde entonces, Génesis 3 dice: “Entonces Dios el señor, le dijo a la mujer: - Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido y el tendrá autoridad sobre ti”…

            En muchos países,  tristemente está vigente esa premisa aun en pleno siglo XXI. En el medio oriente, la mujer sigue siendo una ciudadana de “segunda”. Allá el Estado está más preocupado en la protección de la familia, (en donde se confiere a la mujer el espacio privado de la casa y el cuidado de los niños), que en el resguardo de los miembros de ésta como individuos. Por tanto, a las mujeres se les excluye de los derechos, privilegios y seguridad que los ciudadanos de toda nación deben gozar.

            Sin ir más lejos,  en Arabia Saudita, por ejemplo, se prohíbe a las mujeres conducir autos porque esto supone que además de estar ausentes del hogar, tienen que tener los rostros descubiertos para ver el camino de forma clara o para cumplir con los chequeos rutinarios en carreteras o en caso de un accidente de tránsito. Las mujeres “obligatoriamente” se deben tapar la cara y el cuerpo si no, están sujetas a hostigamiento físico por parte de la policía.

            En la India, el matrimonio infantil, costumbre muy arraigada en su cultura, resulta ser a veces una tragedia para las niñas, las familias y las comunidades. Cuanto más joven es ésta y menos estudios tiene, menor es la dote que su familia debe pagar por casarla. Estas niñas (7-15 … y más  años) pierden todo: amigos, escuela y toda opción de progresar para convertirse en madres desde muy temprano y estar al antojo de las apetencias  del “esposo” que en la mayoría de los casos son adultos y hasta “viejos verdes”.

            Colombia no escapa a esta cruda realidad. A pesar de haber logrado el reconocimiento de ciertos derechos, todavía hay muchas mujeres y niñas, que son víctimas de la violencia verbal, física, sexual y psicológica. En las mujeres de bajos recursos se encuentran las que se desempeñan en trabajos que no tienen reconocimiento como son las actividades domésticas (actualmente hay mas reconocimiento); Igualmente vemos las que están expuestas a todos los riesgos propios del ejercicio de la prostitución; muchas huyen con sus hijos a cuestas por el conflicto interno, buscando sobrevivir. En la clase media baja, es común encontrar mujeres que centran todas sus posibilidades de realización personal buscando oficios como los de vendedoras, cajeras, quedando sujetas algunas veces al menosprecio social por considerarlas en oficios marginales y de poco “status”. La lista de las inequidades sigue… Pero también hay las que por su preparación están escalando cada vez más, mejores posiciones en todos los ámbitos.

            Para eliminar los mitos que pesan sobre la población femenina, pienso que se requieren nuevas leyes que no sean ambiguas en cuanto a los derechos de ésta. La educación permitirá que se conozcan sus derechos y les aporte herramientas para defenderlos. Para ello, la sociedad y los padres deben enseñar a las mujeres a tomar decisiones, a poner límites y a expresar lo que les disgusta para no ser tan vulnerables y aprender a ser libres desde pequeñas y así tener una nueva realidad justa y edificante.

Como decía Simone de Beauvoir: No se nace mujer, se llega a serlo”.

nerea6@yahoo.com


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